21-03-2013 - (Gallego) Ya hemos tratado, en parte, este asunto en otro artículo, pero el atropello ayer de un hermoso gato siamés, a cuyo propietario aún nadie se ha atrevido a darle el disgusto, y el cuasi atropello, por la tarde, de un perro por parte de un imprudente (o tal vez “colocado”) automovilista, en pleno centro del pueblo, nos lleva a este nuevo artículo.
Desde que recuerdo de niño, en los años 50, los animales de la casa debían salir a diario para realizar trabajos en las fincas, tirar del carro de bueyes, ser conducidos a los pastos para alimentarse o trasportar el maíz hasta el molino y traer de vuelta el equivalente en harina.
Dentro de las callejuelas de los pueblos era ( y aún es) común ver ovejas, perros, gatos, alguna gallina e incluso, en nuestra parroquia, existió la costumbre de mantener, entre todos los vecinos, a un gorrino que vagaba por el pueblo durante meses y que era subastado para recaudar fondos destinados a las fiestas locales.