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El derroche del derroche en aeropuertos.

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Vigo meteo22-05-2013 - (Gallego) El observatorio de meteorología de un aeropuerto, al igual que la pista de aterrizaje o la torre de control, son instalaciones características que forman parte de la apariencia inconfundible de una terminal de transporte aéreo.

O lo eran, ya que, en la actualidad, parece ser que alguna de ellas han dejado de tener la necesaria relevancia para ser relegadas en beneficio de la arquitectura, la decoración o la estética.

Algo que debería estar previsto en el proyecto de construcción de un aeropuerto, junto con la torre de control y la pista, es una instalación meteorológica con amplias vistas a las zonas de aproximación de las aeronaves así como a la totalidad de la bóveda celeste. Para poder informar es necesario poder acceder a los datos de los cuales se debe informar. Cualquier lego en el asunto puede entender la cuestión.

En el anterior observatorio del aeropuerto de Vigo existían serias deficiencias para poder observar las condiciones meteorológicas de las cuales los observadores deben informar a las aeronaves que recalan en Vigo. No se podía ver la cabecera norte, ni el cielo sobre la instalación, como tampoco el oeste del aeropuerto, lugar por donde entran, de forma rápida y sorpresiva, las nieblas de agosto que cierran el aeropuerto.

Al objeto de paliar una clara falta de previsión en aquél proyecto aeroportuario, se dotó a la oficina meteorológica de un precario y peligroso “mirador”, al que se accedía mediante una escalera de “caracol”, provista de veinte escalones. Algo provisional, poco profesional y nada adecuado, sobre todo porque la cúpula de acrílico y los cristales herméticos reflejaban las luces nocturnas dificultando la observación del cielo por la noche.

Como solamente se podía ver la cabecera sur, también se instaló, para poder ver la cabecera norte, un monitor que reflejaba la imagen, facilitada por una de las cámaras de seguridad, que enfocaba a la zona de aterrizaje más común, lo cual nos daba acceso directo al último tramo de la aproximación de las aeronaves y un dato fundamental y utilísimo para avisarles de cualquier tipo de deficiencia visual el la aproximación final.

Estas dos últimas “herramientas”, aunque precarias y en forma de “remiendos”, minoraban considerablemente las enormes carencias de visibilidad de la anterior oficina.
Suponíamos que en el nuevo proyecto de reforma del aeropuerto y tras más de veinte años de incomodidades y de dificultades debidas a una instalación inadecuada cuyas carencias nos cansamos de lamentar, se habría previsto esta contingencia y se habría incluido una instalación adecuada para poder observar e informar adecuadamente, a las aeronaves, de las condiciones meteorológicas.

Nuestra sorpresa al acceder por primera vez a las nuevas instalaciones fue mayúscula, puesto que habíamos observado las constantes reuniones, intercambios y conversaciones entre los responsables de la obra, los directivos de Aena y los responsables de meteorología, relacionadas con la nueva ubicación del observatorio y dábamos por supuesto de que todo se estaba proyectando adecuadamente para subsanar las anteriores deficiencias y por fin tendríamos un observatorio adecuado, cómodo, eficiente y  con vistas a la totalidad del cielo y de las pistas de aterrizaje, así como a sus zonas de aproximación.

Pues bien, no solo se han olvidado de la cúpula para poder ver el cielo, como tampoco han colocado cámara alguna para poder ver las “zonas muertas” que oculta el propio aeropuerto, edificios próximos o árboles, como los del campo de golf, sino que la nueva oficina está al lado de una pasarela a medio construir que impide ver incluso la cabecera sur, situada casi enfrente de la oficina. Calculamos que el acceso visual directo desde la oficina a la zona que se debe observar es de apenas una octava parte.

No se ve la cabecera norte, tampoco la cabecera sur, mucho menos las zonas de aproximación de ambas cabeceras (dato importantísimo), no se puede ver ni el norte del aeropuerto, ni el sur, tampoco el oeste, ni el cielo sobre el aeropuerto ya que el propio aeropuerto y una inútil “visera”, que no protege del sol, en cambio sí oculta  el cielo que se debería ver.

Pero lo grave del asunto es comprobar, en la prensa, que, quienes dedicaron tantas horas a reuniones y entrevistas para tratar el asunto “de la nueva oficina”, cuando son preguntados sobre las injustificables deficiencias alegan los unos (meteorología) que son “adecuadas” y los otros (Aena) que no tienen responsabilidad sobre ese tema.

Si quienes proyectan y pagan la reforma del aeropuerto consideran que no es de su competencia el proyectar la correspondiente y adecuada oficina meteorológica (como si se les olvida la pista o la torre de control o colocan esta última en un sótano), que nos expliquen pues de quien es dicha atribución, porque alguien debería dar explicaciones no solo de esta torpeza sino de otras muchas, como la reforma total de todas las marquesinas del estacionamiento de autobuses porque eran más bajas que los propios autobuses y consecuentemente chocaban contra ellas, el pedestal de hormigón que ocasiona colisiones en la entrada principal del aparcamiento, las constantes inundaciones de los garajes, las carísimas y consumidoras lámparas que permanecen encendidas durante todo el día bajo un sol de rigor, la falta total de ventilación natural de todo el aeropuerto y sus oficinas, la insana orientación de las grandes vidrieras que recogen el sol naciente y el sol poniente convirtiendo a la instalación en un verdadero horno que consume aire acondicionado y calefacción a espuertas sin que sus efectos se dejen sentir en absoluto y sin que se pueda abrir una sola ventana para paliar el problema, constituyendo este aeropuerto la instalación posiblemente con el peor rendimiento energético que se podía programar.

Lo mismo se puede decir de los responsables de meteorología que, tras tanta reunión de trabajo y tanta carpeta para arriba y para abajo, acabaron presentando este lamentable resultado y fueron incapaces de informar, a quienes ya deberían también saber, de la problemática y necesidades del servicio, ni de consultar con los profesionales que deben ocuparse de atenderlo.

Cuando ocurrió el accidente con el DC-9 de Aviaco, lo primero que hicieron los representantes de los pilotos fue pedir la información meteorológica, posiblemente para ver si se podía responsabilizar al observador de turno. Es natural que cada uno trate de escapar de las responsabilidades. En aquél caso la tripulación ya había frustrado el aterrizaje en dos ocasiones y tuvieron el accidente a la tercera, es decir, sabía de sobra lo que había, pero asimismo lo intentaron. Si vuelve ocurrir otro accidente (ojala que nunca suceda) se repetirá la historia y los jefes de meteo y del aeropuerto tratarán de eludir cualquier culpa que probablemente se intentará cargar al observador de turno, aunque son ellos quienes proyectan y quienes deberían prever las contingencias, que para ello les pagan.

Cuando se hacen las cosas casi perfectas siempre existe el riesgo del error humano. No digamos si dichos errores se propician, se facilitan o se provocan mediante condiciones de trabajo absurdas o imposibles.

http://www.farodevigo.es/gran-vigo/2013/05/19/meteorologos-peinador-alertan-nueva-ubicacion-reduce-50-vision-pista/812879.html

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