Skip to main content

La autosuficiencia en el rural gallego.

Posted in

mallando centeo09-04-2013 - (Gallego) Cuando la especie humana abandonó la vida nómada de cazador y recolector, y pasó a la vida sedentaria derivada de la introducción de la agricultura y de los cultivos, creó, al mismo tiempo, una forma de vida basada en la autosuficiencia alimentaria: subsistir, de forma autónoma, mediante la agricultura y la cría de animales. Una forma de vida ancestral que duraría hasta principios del pasado siglo XX con la llegada de la era industrial, en la cual el individuo ya no produce todos los alimento que consume y pasa a ganar un salario en las fábricas, el cual cambia por los diversos productos que necesita.

El labrador gallego posiblemente haya sido, en Europa, uno de los últimos colectivos en incorporarse a la era industrial ya que, hasta mediado el siglo, sigue viviendo de la agricultura histórica de supervivencia y de la autosuficiencia alimentaria. Un medio de vida básico y fundamental, el único que realmente permite la subsistencia (ya que ni el dinero ni los artículos industriales se pueden comer) que proporcionó el sustento de la humanidad hasta hace tan solo 100 años.

Cuando en Castilla ya se cultivaba la tierra de forma industrial -donde el propietario de la tierra producía excedentes de grano, remolacha, etc. que luego vendía y generaba unos ingresos en dinero con los cuales compraba los demás productos que necesitaba pero no producía- el labrador gallego seguía produciendo apenas para alimentarse e iba a Castilla a la siega ya la recolección (a pie) para obtener algunos ingresos en dinero.

En la misma época, en Andalucía y Extremadura, regiones de latifundios, los amos de la tierra cultivaban los olivares en monocultivos donde el trabajador rural carecía de propiedades, era casi esclavo, trabajaba por el salario que le dieran y con él o pasaba hambre, o compraba lo que podía del resto de productos que precisaba.

arando con bozalEl gallego tenía las tierras en propiedad. Al contrario de lo que sucedía con el labrador andaluz o extremeño, eran suyas, podía plantar lo que quisiera y podía ser autosuficiente si contaba con una superficie mínima necesaria. No podía producir de forma industrial, como el castellano, ya que el minifundio no es adecuado para la producción masiva que le permitiera vivir de los beneficios de un monocultivo. Tampoco había industrias donde pudiera ganar lo suficiente para comprar lo necesario para la supervivencia, así que, lo que le quedó, fue trabajar la tierra para alimentarse, sacando de ella todo lo necesario para sobrevivir, o emigrar para ganar dinero y comprar esos artículos. Y eso fue lo que hizo hasta final de los año setenta. Como quien dice, hasta ayer mismo.

Estas circunstancias también convirtieron al gallego rural en una persona políticamente conservadora, ya que es propietario de unas tierras, tiene un “capital” y así denomina a sus posesiones. El concepto de obrero solo llega a Galicia con la industrialización y la reconversión del labrador en obrero de las fábricas que se van estableciendo mayormente en el litoral y en las grandes ciudades, circunstancia que marca notables diferencias, entre el interior y el litoral, hasta nuestros días.

La hacienda gallega, hasta finales de los años sesenta en que va llegando la industrialización, era compuesta por una familia, normalmente formada por los abuelos que “echaban una mano” y, tras haber repartido en vida las fincas entre sus hijos, vivían al cuidado de los miembros más jóvenes que permanecían en la casa matriz.

Los padres, que eran los “cabeza de familia”, junto con los hijos no independizados (en algunos casos incluso con hijo/as ya casados), cuidaban de las fincas y de los animales que le permitían sobrevivir sin apenas tener que comprar cosa alguna en el mercado.

Pero para llegar a este punto partiremos de una situación anterior, del matrimonio que se emancipa para habitar una nueva casa y cuidar su propio “capital”.
 
siegaDecir que, aquella época, casi no existían fincas abandonadas y los campos, sobre todo en verano, bullían de personas realizando labores agrícolas, ganado pastando, niños cuidando de los animales y caminos con numerosa circulación de carros artesanales tirados por vacas e incluso carros de bueyes, propiedad de “carreteiros”, que se dedicaban al transporte entre grandes distancias.

Normalmente, el matrimonio que abandonaba la casa paterna para habitar una nueva y gestionar nuevas fincas, se iba sin nada, ya que la fincas familiares seguían en manos de los padres y cuidadas por el resto de hermanos que seguían conviviendo con ellos hasta que los primeros, llegados a una edad avanzada, hacían un reparto en vida de sus propiedades entre todos los hijos (el documento de reparto se denominaba “hijuela”) tras lo cual, como ya se dijo, pasaban a depender de los hijos, hijas, o matrimonio que permanecía en la casa familiar, cuando ya no podían trabajar y dirigir el patrimonio.

La nueva e “independiente” familia, normalmente debería procurar fincas de algún propietario que no las tuviera atendidas, para llevar a cabo un trato mediante el cual el dueño les permitía trabajarlas “a medias”, lo que vendría a ser el constituirse en “caseros” de las fincas ajenas.

El trato consistía en que las fincas eran puestas en producción por los “caseros” y, cuando se producía la recolección de la cosecha, éstos debían abonar la mitad de la producción (o la cantidad acordada) al propietario en concepto de arrendamiento. Como se puede suponer, el esfuerzo para producir alimentos suficientes para la familia, ya de por si bastante notable y  a veces insuficiente, se veía agravado por la necesidad de abonar parte de la producción al dueño de la tierra, uno de los motivos por los cuales el gallego emigraba ya que trabajaba mucho, en condiciones muy precarias, de forma totalmente manual y artesanal, se comía mal y poco, y se carecía de casi todo, sobre todo en ropa, calzado y objetos que solo se podían adquirir comprándolos ya que el dinero circulante era mínimo. No existían salarios ni lugar donde obtenerlos.

maiz curandoEsta pareja recientemente independizada que citamos, que disponía, tal vez, de alguna finca propia o solo contaba con las que conseguía “a medias”, debía iniciar la producción de recursos para “el año siguiente”, es decir, trabajar toda una temporada para, al final y si había suerte, recolectar los frutos que le permitirían vivir y alimentarse, ellos y sus animales, el próximo año. Disponían de la tierra y de sus manos para alcanzar ese fin, una pareja y alguno de los hijos que ya iba creciendo.

Normalmente en el primer año de vida “independiente” del nuevo matrimonio emancipado y aunque tuvieran fincas para labrar, dependían de sus familias para alimentarse ya que carecían por completo de alimentos almacenados de la cosecha anterior. Alimentos como el cerdo de la matanza, las patatas, las habas, las coles, etc. que se guardaban de la cosecha del verano para consumir durante el improductivo invierno.

El primer año de su vida, normalmente, tampoco disponían de animales para que les ayudaran en la labranza puesto que tal posesión requería, asimismo, hierba almacenada para alimentarlos. Así que, como mucho, iban criando una vaca (para tirar del carro o arar se necesitaban al menos de dos vacas), alguna gallina para huevos y, según las posibilidades, ir criando un cerdo para sacrificar al inicio del invierno. Alimento, este último junto con las patatas, fundamental en la dieta del rural gallego

Con el resto del “capital” había que echar cuentas y realizar un enorme esfuerzo de previsión y gestión, ya que, a la vista de las fincas disponibles, era necesario programar la producción de todas y cada una de ellas de forma a obtener, entre todas ellas, todas y cada una de las necesidades de una casa, a saber:

hierba al pajarDisponer de prados donde el ganado pudiera pastar y además, tener superficie extra para aislar algunas parcelas, a principios de verano, donde dejar crecer la hierba que sería segada a mediados de la estación, dejada a secar y almacenada, para alimentar al ganado el invierno.

Fincas donde plantar maíz y centeno, que también se almacenaban para el invierno y servían para alimentar al ganado y para transformar en harina con la cual se elaboraba, en el horno comunal, el pan de maíz, semanalmente o cada diez días. Como de todos es sabido, este maíz se guardaba en ventilados hórreos para que no se pudriera.

Había que plantar, cabazos, “berzas” y nabos para alimentar a gallinas, cerdos y demás animales que no salían de la casa.

Durante la época de calor -que a diferencia de lo que sucede en las zonas tropicales, es la única propicia para plantar y recoger en nuestras latitudes- se plantaba también la “huerta”, de la que se conseguían las hortalizas frescas de estación, como los tomates, la lechuga para ensaladas, las judías, las habas, etc. Producto, este último, que también se dejaba secar y se guardaba para el invierno.

bimbastreLa mayor parte de los productos anteriores necesitaban de riego, de manera que era necesario disponer de pozos y del correspondiente “bimbastre” para subir el agua. El agua de consumo se traía de la fuente en baldes confeccionados en madera con arcos de chapa. La fuente normalmente estaba aneja al lavadero donde las mujeres hacían la colada. Algunas fincas cercanas al lavadero, tenían unas ciertas horas para disponer del agua sobrante de la poza pública y regar con ella.

Era necesario disponer de fincas dedicadas a monte (con tojos, xestas y diverso sotobosque) ya que de ellas se retiraban estos materiales al objeto de cubrir patios y cuadras de animales. Este material, que cada poco tiempo era recubierto con una capa nueva para que los animales dispusieran de un mínimo de comodidad e higiene, era retirado todos los años, transformado en estiércol, para abonar las fincas donde se plantaban los productos citados con anterioridad.

Uno de los cultivos más rentables, teniendo fincas disponibles que no fueran necesarias para la alimentación básica, era el de la vid, de cuya cosecha no solo se podía beber algo diferente del agua, tener aguardiente y hacer licor de café, como también conseguir algún dinero vendiendo el excedente.

Finalmente era necesario e imprescindible disponer de leña. No olvidemos que esos tiempos se cocinaba la comida en la lareira, o en la cocina de hierro (el butano llegó a partir de los sesenta) se calentaba la familia (y se charlaba por la noche ya que no existía televisión) junto al fuego  y en muchos casos, hasta finales de los 50, incluso era la única luz, junto con velas y faroles, que existía en muchas aldeas. Una de las razones por las cuales el labrador se acostaba y se levantaba con las gallinas. No había luz eléctrica por la noche.

medas antiguasAsí que, de todo el “capital” disponible, había que hacer cálculos para distribuir fincas destinadas a las diversas producciones citadas, sin que faltara ninguna, para no sufrir algún tipo de carencia. Se podría tener más o menos superficie para esa variedad, pero era necesario disponer de todos y cada uno de eses productos repartidos entre todas las propiedades ya que todos eran imprescindibles, bien para comer, bien para alimentar al ganado, bien para almacenar para el invierno, bien para cocinar, bien para calentarse. Así que calcúlese la capacidad de previsión y organizativa del labrador gallego.

Toda la producción tenía como fin básico mantener la capacidad de alimentar a toda la familia y al ganado hasta la siguiente cosecha y aunque había ciertos productos disponibles durante todo el año, como las berzas, la hierba (en poca cantidad ya que en invierno casi no crece), lo que más se consumía era el cerdo de la matanza almacenado en la bodega tras haber sido salado, que se racionaba para que durara hasta la siguiente matanza, los chorizos que eran carne de cerdo conservada dentro de sus propias tripas, las patatas, las habas,.. que, como se puede adivinar, eran la base de confección del cocido o caldo gallego, hoy “promovido” a plato típico...El pescado, en el interior de Galicia, aparecía raramente en una cesta plana de la pescadera que, de vez en cuando, traía por los pueblos cubierto con hojas de berza para mantenerlo fresco, sobre todo en verano.

medas herbaLos animales se alimentaban de los pastos - las vacas, el borrico y alguna oveja - a donde eran llevados y vigilados normalmente por los más pequeños de la familia y se les proporcionaba algo de hierba seca para que pasaran las largas noches de invierno. Berzas, nabos y patatas menudas, mezclados con algo de maíz, el salvado del maíz, la paja sobrante del centeno y del propio maíz, y poco más, servían para alimentar a los cerdos, gallinas y otros animales.

El pan se hacía en un horno colectivo, para aprovechar la hornada, y se elaboraban varios panes de unos tres kilos, para toda la semana o cada diez días, con harina de maíz. El maíz almacenado se transportaba a los distantes molinos de los valles a lomos del burro, animal que también transportaba haces de leña, hierba, etc.

Compras, alguna se hacía. Aunque se utilizaba la manteca del cerdo, guardada en botes de barro, para freír, algún aceite se compraba a granel, recuerdo a comprar un cuarto de litro. Algo de sopa para las fiestas, alguna cuerda para amarrar la carga del carro, arroz, azúcar, etc. pero todo en mínimas cantidades. Los productos provenientes de la “tienda” (a la vez taberna, zapatería, peluquería,… ya que solo había una) se envasaban para su transporte en “cartuchos” hechos con papel de “estraza”. Para los líquidos se llevaba la correspondiente botella ya que ni existía la bolsa de plástico ni existían productos envasados en fábrica. Incluso el tabaco venía a granel envuelto en “cubos” de papel denominados “picadura”, o “cuarterones”; los primeros cigarrillos con papel fueron los “Ideales” y los “Peninsulares” aunque se continuaba usando el papel de liar puesto que se aprovechaban las colillas para hacer nuevos cigarros.

baldeSe puede comprender fácilmente que el primer vertedero que recuerdo en el pueblo (envases no reciclables que se fueron amontonando en pequeñas cantidades en un lugar público) fue a finales de los sesenta. Hasta entonces no existían desperdicios no reciclables ya que los existentes eran todos orgánicos, procedentes del medio natural y al medio natural regresaban transformados en abono o comida para los animales y los objetos y herramientas eran fabricados, sobre todo, con madera, cuero y vegetales.

La ropa era confeccionada por las mujeres que tenían por costumbre, las más aptas para la profesión, realizar cursos de costura con alguna señora experimentada del pueblo. El calzado consistía en zuecos, de madera y cuero, que fabricaba algún vecino y en verano alpargatas de tela y esparto. Recuerdo tener que desplazarnos varias veces y varios kilómetros a la villa más cercana para probar los primeros zapatos o la primera ropa de “sastre”, la cual demoraba semanas en estar terminada. Toda la ropa era reciclada de sábanas a ropa interior, vendas, trapos, bolsas,…

El dinero para dichas compras y para pagar la contribución, el médico o la adquisición de algún animal, provenía, básicamente, de la venta de los jamones del cerdo (se vendían o se “regalaban” al cura o al cacique), de la venta de gran parte de la cosecha de vino, algún cerdo procedente de un eventual parto casero (no se solía producir muchos partos, solo con vistas a su venta ya que al cerdo se le castraba para que engordara), de la venta de los terneros -que con solo seis meses, eran separados de sus madres para ser sacrificados y consumidos por las gentes pudientes ya que en los pueblos la carne de ternera no se consumía por falta de poder adquisitivo, y se denominaba “carne de fuera”- o de la venta de algún pino. Árbol, este último, muy valorado en aquella época, más que el roble, ya que casi todo el territorio se dedicaba a producir alimentos y la leña imprescindible, así que criar pinos parea vender como madera era casi un lujo. Como muestras de su valor decir que, con el dinero obtenido con la venta de un solo pino, se podía comprar una vaca. El resto de la producción no se vendía ya que, o carecía de valor significativo que compensara su traslado a la feria, o apenas era suficiente para el consumo familiar.

cesta e gueipaEl traslado de cualquier producto, o animal, hasta la feria, se realizaba a pie o a lomos de un burro. Los productos se transportaban en recipientes artesanales, como baldes fabricados con madera y cintas de chapa, similares a las cubas, en cestas construidas con láminas de roble, en cestos menores con una alza superior denominadas “gueipas”, las uvas en grandes recipientes, también de madera, denominadas “tinallas” o “barcaletas” (las más pequeñas). Las uvas se pisaban (con los pies desnudos) en las “muxegas”, que se a su vez se colocaban sobre las cubas con un canal cuadrado introducido en la correspondiente boca, también cuadrada, de la cuba. En resumen que no existían recipientes de plástico, ni contenedores de otro tipo que no fueran los elaborados artesanalmente en la casas.

Para requerir la visita de un médico y puesto que existía el teléfono, había que desplazarse hasta la villa más cercana donde hubiera y éste normalmente disponía de yegua o caballo para acercarse al pueblo. Las medicinas eran confeccionadas con hierbas, aguardiente y productos locales ya que los remedios industriales fueron apareciendo a inicio de los sesenta.

Como es obvio esta historia es un breve resumen, habría que incluir en otras entregas el tipo de herramientas con las que se llevaba a cabo el penoso trabajo en las fincas, su transporte, almacenamiento, la preparación de la tierra con la ayuda de las vacas, el arado de madera (“arado romano” que se denominaba), el carro de bueyes, la siembra, la recolección, el almacenamiento, las ferias, el trabajo de las viñas, la función de los “vimbios” para atar las cepas y cualquier conjunto de leña, hierba o lo que fuera (hoy casi no se usan pero en esa época incluso se vendían en las ferias para las diversas y múltiples aplicaciones)  etc.

arado romanoLas comunicaciones a media y larga distancia (a partir de los 15/20 kilómetros)  eran por medio de cartas. Desde Ourense, unos 14 kilómetros, escribíamos cartas, los fines de semana, destinadas a nuestros padres. Cuanto a las comunicaciones de corta distancia, tipo de un pueblo a otro, entre parroquias, en ayuntamientos limítrofes, ante la inexistencia de teléfono, lo que se hacía era “mandar recado”. Quien iba al molino, o a una feria cercana, o a una villa próxima, a pie, informaba del hecho a los vecinos de modo que, quien tuviera algún recado para enviar a otro vecino de algún pueblo que hubiera por el camino, dicho recado lo portaba la persona que se desplazaba. A su vez traía la respuesta para el interesado. Se utilizaba para formalizar tratos, fijar encuentros, o incluso regatear el precio de algún animal que había quedado “por poco” en la feria. Las muertes, incendios y otros acontecimientos urgentes y de interés general se anunciaban por medio de las campanas de la iglesia parroquial. Las fiestas por medio de los cohetes.

En las aldeas no existía televisión, casi no había radios y menos aún periódicos, de manera que las noticias (básicamente solo las locales) se transmitían de forma verbal, mayormente en ferias y viajes al molino. Sucesos más destacados solían publicarse en las “coplas” y la poca información internacional que circulaba procedía de las cartas de emigrantes con la versión de cada uno. Como curiosidad decir que, durante años, cuando alguien preguntaba la hora, a continuación preguntaba si esa hora era la “nueva” o a la “vieja”, consecuencia del primer cambio de hora llevado a cabo en el País y que hizo que el horario de invierno sea una hora más que la hora GMT. El cambio horario de verano es posterior y suma una hora más  a la ya establecida en aquella época, razón por la cual, en verano, la hora en España es DOS horas más que la GMT.

La luz, al principio, se utilizaba única y exclusivamente para alumbrado y para eso con lámparas de 15 watios para gastar lo mínimo posible. La plancha era de hierro y hueca, con una tapa a través de la cual se introducían brasas para calentarla.

vacas y carroA la novia se le conocía en alguna fiesta y se quedaba con ella los jueves por la tarde, después del trabajo, y los domingos, razón por la cual y debido a las distancias conjugadas con la falta de transporte, los matrimonios, mayormente, eran entre parroquias limítrofes.

El jabón que se utilizaba en exclusiva era el fabricado en casa con grasas y sosa cáustica, se gastaba lo justo y así tampoco se contaminaba ni se extinguía, como ahora, la fauna fluvial.

Como pasatiempo principal de los críos, sobre todo en invierno, estaban las “historias” que contaban los mayores junto a  la “lareira”, mientras nos sacudíamos el frío y secábamos los zuecos llenos del barro que inundaba los caminos. Mientras vigilábamos, durante horas, a las vacas que pastaban (y que invariablemente y al menor descuido por nuestra parte, siempre conseguían robar alguna mazorca de maíz) pasábamos el tiempo torturando insectos, fabricando algún tipo de artilugio con una navaja (tipo una flauta con madera de “sabugueiro”, tirachinas, etc.) o buscando nidos. En grupo, durante el invierno, jugábamos al trompo (normalmente artesanal y de “fabricación” propia) al “gude” con bolas de barro (aunque ya empezaban a llegar las, para nosotros, deslumbrantes bolas de cristal), a la “billarda” y al fútbol malamente ya que no hubo pelotas hasta que llegaron las que regalaban con los zapatos “Gorila” (verdes y del tamaño de una pelota de tenis), los primero industrializados que vimos en estos pueblos. Y el verano era grandioso, el juego de toda la vida de unos buscando a los otros, sobre todo en las noches de luna a lo largo de campos y “carballeiras”, cuando aprovechábamos para “levantarle” las uvas blancas a un vecino, las fresas a otro o las cerezas a quien cuadrara, justificaban más el enorme tiempo que duraba el juego que el interés en encontrar, en tan extensa área y de noche, a los del equipo “rival”. Ni que decir tiene que, en ausencia de alumbrado público y por lo tanto de contaminación lumínica, todos conocíamos desde niños la estrella Polar.

Cuanto a los mayores, aparte de asistir a la obligatoria misa dominical, el único pasatiempos de unos era jugar a las cartas (se apostaba la “consumición”, café, copa, galletas o chucherías similares), de otros, menos aficionados o recelosos de tener que pagar si perdían,  mirar como jugaban los primeros y participar de las discusiones al final de cada partida. Costumbre que aún hoy se mantiene en muchos lugares y tabernas. Ni que decir tiene que las mujeres no contaban con esta opción, de hecho ni siquiera entraban en las tabernas y si necesitaban algo mandaban a los hijos o en caso extremo lo pedían desde la puerta. Tampoco era bien visto cualquier hombre que frecuentara la taberna durante la semana o “tomara copas” sin ser domingo.

pizarraEn la escuela, la escritura se practicaba en las “pizarras” individuales -fabricadas de pizarra y bordeadas de madera y que nada tienen a ver con la pizarra de pared donde la maestra escribía con tiza, que por cierto, en las aldeas no solían existir- con la ayuda del “pizarrín”. Se borraba lo escrito con saliva y “manga de jersey”. Como todo lo de los niños estas pizarras se acababan rompiendo y la mayoría era utilizada con la ausencia de un trozo o con una raja en medio. El único libro era la “Enciclopedia Álvarez” recientemente reeditada, que englobaba todo el saber que se consideraba imprescindible para la gente del pueblo, tanto en religión, como en historia, matemáticas, geografía, etc. los más afortunados continuaban sus estudios en la ciudad. La maestra preparaba en su casa y traía para la sala una gran olla con agua caliente donde disolvía la leche en polvo de la ayuda americana, también repartía un queso de la misma procedencia que venía en una lata con el interior dorado, que nos deslumbraba, desacostumbrados como estábamos a ver colores artificiales y superficies pulidas en la naturaleza.

bomba de aguaEn ausencia de red de alcantarillado (que ahora se limita a canalizar los excrementos y los abundantes residuos químicos, procedentes de la orgía de detergentes, lejías, etc., hasta el regato del pueblo) se utilizaba el campo, la cuadra de los cerdos u otra que hubiera a mano para los diversos usos. Se terminaba con la ayuda del papel de estraza de las compras o, en su ausencia, con unos helechos o incluso una piedra, en el último caso lo “menos malo” eran los trozos de teja. Cuanto al resto de higiene, por la semana se lavaban las manos y la cara para despertar. Los fines de semana en una tina con agua caliente (del fuego o puesta al sol) baño general: “primero la cara y el cuerpo y al final los pies”, que nos decían los mayores.

De los malos momentos es mejor ni acordarse, las enfermedades mal atendidas por la distancia del médico, la falta de recursos y el gasto que suponían, por supuesto y salvo excepciones, el final de la vida no contaba con demasiados tratamientos paliativos. Tras la salud, el principal problema que se podía presentar en una casa era la muerte de una vaca, la muerte del cerdo por enfermedad y que se estropease una cuba de vino, por ese orden. Constituían verdaderas tragedias ver como se perdía parte de un valioso patrimonio, el trabajo invertido y el alimento para el próximo año. Las malas cosechas, a pesar de su gravedad, estaban más asumidas ya que formaban parte de la vida incierta del labrador.

Hoy en las aldeas gallegas queda muy poca gente joven, la mayoría de los habitantes son personas que en los años 60 tenían entre 20 y 35 años, que ya estuvieron en la emigración a Alemania, Suiza u Holanda a donde iban como mano de obra no cualificada para trabajar de obreros, y los que emigraron a América (Argentina, Brasil, México, etc.) donde solían acabar como empresarios dueños de un negocio propio, numerosas veces con bastante éxito. Los emigrantes a Europa regresaron casi todos con algunos ahorros que les permitieron proporcionar estudios a los hijos (que hoy ya viven en las ciudades) y ahora viven de las jubilaciones procedentes de países europeos, o de la española y trabajan alguna finca por pasar el tiempo.

sachos enxadas

 

Sachos y "enxadas" para cavar la tierra.

 

 

angazos

 

"Angazos" o rastrillos para juntar hoja, hierba,etc.

 

 

coitelo e fouce

 

"Coitelo" para ramas y "Fouce" para "rozar" tojos y xestas.

 

 

galleta e araña

 

"Galleta" para transportar y "Araña" para arrastrar hierba, tojos, etc.

 

 

tronzador

 

"Tronzador" para serrar troncos tirando uno por cada punta.

 

 

romana

 

Báscula "Romana" se utilizaba según se ve, moviendo el peso hasta equilibralo con la carga.                                         

 

 

maleta de madera

 

Maleta de madera que llevaban los emigrantes en los 50's.

 

 

canga e bozos

 

"Canga" o yugo con un bozal colgado.

 

 

autobus mixto

 

"Autobús" mixto: Atrás el ganado y delante pasajeros.

 

 

jofaina

 

 

"Jofaina" para lavar manos y rostro.

 

 

 

aula años 50

 

Aula antigua.

 

 

baul

 

Baúl donde los emigrantes transportaban el ajuar: sábanas, lozas, cubiertos, etc.

 

 

cepas y vimbios

 

Cepas a tadas con "Vimbios", material muy versátil por su flexibilidad.

 

 

muro de piedra

 

Muro de piedra para limitar una propiedad. Hoy valdría más su construcción que la propiedad misma.

 

 

mallando centeno

 

El trillado del centeno, de forma comunal, se realizaba con los "Mallos". Quien sabía no se golpeaba la espalda con el pesado palo de extremo.

 

arando con bozal

 

El bozal de las vacas era para que no se entrutiveran intentando pastar, mientras tiraban del arado.

 

bimbastre

 

El "Bimbastre", para subir agua, era casi igual a los de la imagen. Mas sencillo ya que el palo oscilante se poyaba en una horquilla mucho mas simple. No se hallaron imágenes del baimbastre gallego.

 

 

 

Vilamoure 1956

 

 

Foto del autor y su hermano en 1956, sobre el carro y junto a un arado "Romano".