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Las aldeas son de los labradores y del ganado.

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23-09-2010 - (Gallego) Desde toda la vida que los caminos, pistas y “corredoiras” que rodean a las aldeas o sirven de unión entre ellas, han sido utilizados por los labradores para acudir a sus labores agrícolas y para trasladar al ganado hacia y desde sus pastos. Hasta que llegó el día en que muchas de ellas fueron asfaltadas para permitir el acceso de vehículos y poco a poco estos viales les están siendo usurpados a sus usuarios tradicionales y transformándose en vías exclusivas para el uso de los automóviles.

Hoy en día el agricultor que precise utilizar esta pistas asfaltadas para trasladar a sus vacas, ovejas y ganado en general, se ve obligado a hacerlo con temor y corriendo el riesgo de que un imprudente conductor, circulando a velocidad inadecuada para el lugar y creyéndose en una autovía de uso exclusivo, le atropelle a él o a sus animales.

En los núcleos rurales, además, se pueden encontrar en los caminos, además de ganado, a personas ancianas, niños, gallinas, gatos, perros que andan a sus reuniones por causa de una perra, etc. Todos ellos corren en riesgo de ser víctimas del conductor temerario e imprudente, ignorante de que está utilizando unas vías en las que él es el intruso, que acabe causando una desgracia. Razón por la cual, en la actualidad, ni siquiera en los pueblos pueden los niños salir de las casas a jugar, como siempre se hizo.

El letal, ominipresente y contaminante automóvil, así como el negocio que mueve, se han apoderado de todos los rincones y el irresponsable, que tanto atropella a un perro como puede hacerlo con un niño ya que la causa es su imprudencia, enseguida saca el argumento propio del “picapleitos rustico” diciendo que “a los animales hay que tenerlos atados”. Como si se pudiera llevar atado a un rebaño de ovejas, a un grupo de vacas o existiera alguna ley que establece tal obligación. Una leyenda urbana ésta, muy extendía y que nosotros sepamos, carece de cualquier base legal (obviamente con la excepción de las razas potencialmente peligrosas).

Ayer un descerebrado de los que consideran esos caminos asfaltados como si fueran carreteras y que piensa que todos los demás deben apartarse a su paso y dar preferencia cuando llega un automóvil, atropelló, en pleno centro del pueblo, a una pequeña perra que se hallaba acompañada de su dueña. No solo no paró para prestar ayuda, sino que incluso respondió con malos modos a la propietaria que solicitaba su auxilio.

La infeliz dueña de la perra, una mujer que vive sola y tiene sus facultades mentales muy reducidas – de hecho se halla incapacitada legalmente – tuvo que acudir con la perra en brazos en procura de ayuda a casa de los vecinos, mientas, en su carencia intelectual, trataba de que la perra se mantuviera en pie a pesar de que, como se comprobó posteriormente en el veterinario, tenía roto el fémur de una pata trasera, aparte de otras múltiples lesiones.

Ni el anormal que pasó a velocidad inadecuada por el pueblo, ni la cuidadora que lo acompañaba (es una bus de transporte escolar), tuvieron la consideración de prestar auxilio ni a la perra, ni a la dueña y siguieron su camino. Imaginamos que sin el menor remordimiento.

Es necesaria una ingente labor de concienciación para que los conductores, muchos de ellos residentes en estos pequeños pueblos, tomen conciencia de que las pistas, o caminos, asfaltadas por las que circulan, no son carreteras. De hecho ni siquiera ostentan la señalización propia de este tipo de vía y que, mediante colores, distingue entre carreteras nacionales, provinciales, comarcales y locales, por no tener no tienen siqueira arcén ni acera.

Se trata únicamente de caminos que fueron asfaltados, como decíamos antes, con la finalidad de facilitar el acceso de vehículos. Pero siguen siendo caminos rurales por los que circulan tractores, vacas, ovejas, etc. los conductores deben tener tal extremo en consideración y saber que los intrusos, en esas vías, son ellos, debiendo circular con toda la prudencia posible, a baja velocidad y dando referencia a cualquier labrador o ganadero que circule con sus animales.

Por supuesto que, dentro de los pueblos, donde se pueden hallar también otro tipo de animales de compañía o niños, la cautela debe ser extrema.

Infelizmente asistimos a diario a vehículos circulando a alta velocidad por estas pistas, a la ausencia de una normativa rígida sobre el asunto y al descaso y falta de vigilancia de los responsables de la seguridad ciudadana quienes, en algunos casos, adolecen de los mismos prejuicios y errores de apreciación que los vecinos que las utilizan y consideran, erróneamente, que tales vías son para uso preferente de automóviles y que, cuando éstos atropellan a algún animal, la víctima es el vehículo. No es verdad, no existe tal normativa y bastantes animales mueren atropellados en las carreteras y autovías para que los automóviles vengan también a matarlos a los pueblos.

Cuanto a este tipo de egoístas, que no se importan con el sufrimiento y la integridad de los animales indefensos – no dudando incluso en abandonarlos a su suerte tras haberlos atropellado – derrochan una inusitada sensibilidad cuando de sus asuntos se trata y se ponen la venda antes de que exista la herida.