Skip to main content

Cacicada a la gallega

Posted in

06-04-2010 - (Gallego) Empiezan a llegar las respuestas a los recursos que se presentaron contra las sanciones de 60 euros a  30 chavales de los que protestaron contra los campeonatos de caza de zorros en Portomarín.      

En contraste ningún expediente ha sido abierto a los más de 1,000 cazadores que participaron en la “matanza”, muchos de los cuales cazaron en caminos, zonas de seguridad en general e incluso abatieron corzos que dejaron escondidos en el monte y recogieron por la noche cuando regresaban a sus domicilios.

La cuestión es si los primeros son un grupo de descontrolados a los que les gusta infringir la ley, mientras los segundos son un colectivo de ejemplares ciudadanos que respetan las normas escrupulosamente.

Toda España sabe que no es así, de manera que nosotros tenemos otra hipótesis que desarollaremos a continuación.

Para decir verdad los cazadores dificilmente son objeto ni de vigilancia mucho menos de sanción, a pesar de las reiteradas denuncias sobre las sangrantes y brutales infracciones a la ley de caza que ponen en peligro, y  a veces se cobran, la vida de terceros ciudadanos que pasean por las cercanías.

No nos extraña que se consideren los amos del monte vista la displicencia, tolerancia e incluso connivencia de los reponsables de vigilarlos. Ahora aparecerán en los foros mostrando su ignorante satisfacción con la injusticia que existe en nuestro País, los mismos que protestan y se quejan las raras ocasiones en que son sorprendidos, casualmente, cazando con niebla o abatiendo animales protegidos.

Como era de esperar, de poco están valiendo hasta ahora los argumentos bien fundados y razonados de los ecologistas, ante la clara intención de la delegación de medio rural de Lugo de amedrentarlos y facilitar así las matanzas a la federación gallega de caza.

Y es que, en nuestro País, todos sabemos que la ley tiene sus interpretaciones, dependiendo de quienes invitan a la comilona y de quienes se compran bocadillos para acudir a las movilizaciones para defender el medio ambiente.

Y eso lo manejan perfectamente los caciques que controlan la caza en Galicia y para ello se encargan de invitar a las autoridades “responsables”, así como a los jefes de la Guardia Civil, a las paparotas que organizan tras las correspondientes matanzas.

El sr. Delegado de medio rural en Lugo dirá lo que quiera, pero todos sabemos que lo de menos es velar por el respeto a las normas y la ley. Si así fuera menos abusos habría en la caza durante todo el año, pero no, se trata únicamente de que los señores cazadores puedan matar zorros, corzos y otros animales a su libre antojo durante la celebración de estos campeonatos, sin ser molestados por los chavales que no se conforman con tal crueldad.

Hemos sido testigos de la muerte de animales, por parte de estos “deportistas”, que no eran zorros precisamente y que se dejaron en el monte para ser recogidos tras el campeonato, por la noche y aprovechando el viaje de vuelta a sus casas.

Hemos visto cazadores actuando en las zonas de seguridad igual que lo hacen todo el año sin que nadie les vigile ni les obligue a cumplir la ley, a pesar de las múltiples denuncias presentadas.

Sin embargo hemos visto como el día del campeonato del zorro se intentaba amedrentar a los ecologistas procediendo a su identificación, en caminos públicos y zonas de seguridad, sin que mediara motivo o infracción alguna.

Se indagó a los miembros de la G. civil los motivos de tales identificaciones y respondieron que no había infracción alguna y se procedía a realizarlas “por si acaso”.

Parece obvio que tras la opípara comilona a la que los directivos de la caza de Galicia invitaron tanto a los representantes de  la delegación de medio rural como a los jefes de la guardia civil, se llegó a la conclusión de que tales identificaciones se podrían utilizar para represalias posteriores, mediante una interpretación alambicada de la ley de caza, donde se castiga a quienes producen ruido en el monte para espantar a la caza. Artículo que, huelga decir, va encaminado a quienes obtienen réditos cinegéticos  con tal actitud.

Ahora resulta que el sr. Delegado de medio rural de Lugo, en una sorprendente interpretación de ese artículo, procede a expedientar a los ecologistas por tocar el silbato o por hacer sonar un tamboril. O, si queremos, por hacer uso de su derecho a manifestarse y a protestar pacíficamente o, incluso y aunque no era el caso, a circular también por el monte tocando lo que bien entiendan.

No tuvo esa diligencia para vigilar a los cazadores que blandieron sus armas contra chicos de 20 años, los mismos que en esta ocasión sí fueron víctimas del celo sancionador de este delegado. (Video: cazando en pistas y amenazando con arma de fuego). 

No fuera este un país en que nos tienen acostumbrados a tales despropósitos, parece lógico que ese sr. Delegado sería cesado de inmediato, no solo por abusar de su cargo y atribuciones para tergiversar la ley en beneficio de una de las partes, sino por hacerlo tras aceptar que, representantes de tal institución, compartieran mesa y mantel con una de ellas.

Nadie espera que, en estos expedientes, se atienda las razones que expusieron los ecologistas en sus fundamentadas respuestas a los mismos.

Creemos que el asunto ya está prejuzgado, que se trata de dar un escarmeinto para que no se moleste en el futuro a los sres. cazadores en sus campeonatos de matar zorros y se utiliza este método porque los argumentos y las razones de la F.G. de Caza perdieron toda la credibilidad y la batalla ante la opinión pública y los medios.

Los chicos están respondiendo con argumentos  más que sólidos a la tergiversación que se está haciendo de la ley de caza para intentar aplicarla a quienes, ni son cazadores ni le son de aplicación dichos artículos, que se están desfigurando hasta lo ridículo, para adaptarlos a las represalias que se pretende llevar a cabo.

No son tan diligentes estas autoridades “responsables” ni para vigilar, ni para aplicar sencillamente la misma ley en el día a día, al objeto de poner coto a los desmanes que se producen en la caza. Se nota el volumen de votos y de dinero que el negocio de la muerte de animales mueve anualmente. Los dioses que han desplazado a la moral y a la ética en nuestros atribulados tiempos.

Nadie se va a creer que los más de 1,000 cazadores que participaron en la matanza eran unos angeles celestiales que respetaron las normas al pie de la letra.

Tenemos la convicción de que se trata de una discriminación y de una aplicación sesgada de las normas y del uso de la autoridad, para proteger esos brutales campeonatos de las denuncias de los ecologistas y para hurtarlos al conocimiento de la opinión pública.

Que se invite a estas autoridades a las comilonas nos parece opinable, lo que no es de recibo es que se intente hacernos creer que después actuarán con imparcialidad en cualquier asunto en el que tengan que mediar entre ecologistas y la F.G.C.

Igual consideran que están tratado con el mismo nivel cultural al que están acostumbrados en los asuntos cinegéticos. Pues no.