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La codicia humana, el cáncer del planeta.

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27-03-2011 - (Gallego) Hace unos días publicábamos las sobrecogedoras imágenes de un vídeo rodado en granjas donde animales son criados masivamente para que sirvan de alimento a la población humana.

La propia existencia de este tipo de instalaciones tétricas, ya explica lo insostenible del número de individuos que componen la especie humana.

Para los seres allí almacenados la vida como tal no existe y su fatal destino es una muerte industrial después de una existencia miserable, donde nunca tuvieron el calor de la manada, ni la ternura de la madre y donde solo hubo crueldad maltrato y privación total de disfrutar del mundo.

Vale que ya no queramos salir al monte a cazar con riesgo de nuestra propia integridad, de hecho no habría piezas de caza suficientes para todos los humanos, también podemos aceptar que hubiéramos abandonado la autosuficiencia en lo que a la alimentación se refiere, pero a pesar de esas razones algo está desmesurado en nuestra especie para que tengamos que mantener este tipo de instalaciones sin las cuales no podríamos vivir.

Al margen de la inmoralidad que representa el recluir a otras especies en un ambiente totalmente ajeno a su medio natural, reproduciéndose industrialmente, siendo separados de sus crías para aprovechar apenas la leche que generan, viviendo confinados para ahorrar energías y en consecuencia costes de alimentación, sin nunca ver la luz del sol,… en resumen, llevando una existencia propia de novelas de terror, la necesidad de que existan tales lugares es algo antinatural y una situación sobrevenida para nuestra especie a causa de nuestra excesiva población.

Cualquier otra especie que, al igual que hizo la especie humana, llegara a este punto en lo que al número de individuos se refiere, ya había desaparecido, puesto que les sería imposible mantener tal tipo de instalaciones y de explotación extensiva de otras especies para su alimentación.

Parece razonable afirmar que a cualquier persona mínimamente sensible, que se le obligue a realizar una visita a este tipo de granjas de la muerte y el maltrato, abominaría de consumir los productos derivados del sacrificio de los seres que allí vegetan, y sufren, para proporcionar beneficios a algún empresario o a alguna corporación. Las terribles imágenes de la miserable vida que llevan aquellos animales nos rondaría la menta cada vez que consumimos productos derivados de esa cruel explotación de seres vivos.

Como prueba evidente del exceso de individuos que componen la especie humana, ésta es la más dolorosa y cruel.

Demuestra asimismo la insostenible política económica del “crecimiento” que tanto pregonan, tanto los políticos, como el mismo sistema que los mantiene para que nos convenzan de la conveniencia de tal desatino. Como si no tuviéramos ya un ingente problema de exceso de población, que está dando lugar a que, cualquier hipotético fallo en la actual cadena de producción artificial de alimentos ocasionaría, hoy mismo, una tremenda hambruna y serias revueltas sociales, ya que dependemos de una forma de alimentación totalmente artificial.

Y lo peor es que el problema en lugar de ir camino de solucionarse, tiende a empeorar. La razón es que todo este sistema de producción, basada en el lucro, en el crecimiento anual, en el aumento de ventas y de beneficios, lo que procura, promueve e incentiva, es el aumento del consumo y de los consumidores de este tipo de productos. Lo mismo que sucede con todas las baratijas que también el resto de las industrias producen a diario.

Todos sabemos que el fin primordial de las empresas es aumentar sus ventas y sus beneficios, por lo cual lo que más les interesa no es una reducción de sus consumidores y de sus clientes y si un aumento, al objeto de ampliar sus instalaciones, sus ventas y , en consecuencia, el número de infelices criaturas que allí malviven y son sacrificadas.

Ignoramos a donde nos acabará llevando este crecimiento alocado del consumo de recursos, de cimentación del territorio, de construcción de autovías, de extinción de especies, de deforestación de selvas y de contaminación del aire que respiramos.

Es lamentable que otras especies ya estén sufriendo, desde hace muchas décadas, la suicida multiplicación insostenible de la especie humana y su impacto letal en la naturaleza, algunas de ellas debido a la destrucción de su territorio, su medio de vida y de su hábitat, otras por verse transformadas en meros objetos industriales donde sus sentimientos, necesidades, derecho a la vida y derecho a un mínimo de dignidad y de sentir el paso por la vida les es negado.

Mucho se ha escrito y se ha escenificado sobre este tipo de almacenamiento y explotación, colocando a seres humanos como protagonistas de las mismas condiciones que nosotros imponemos a las especies que explotamos sin la mínima consideración hacia sus derechos más básicos. Pero somos una especie egoísta y aunque nos parece criminal imaginar este tipo de sistema para nuestra especie, no tenemos el mínimo escrúpulo, en aplicarlo a otros seres.

Ni siquiera les otorgamos el respeto mínimo de las antiguas tribus, que solicitaban el perdón del animal que se disponían a sacrificar para su alimentación y al que dispensaban un trato digno considerando el favor que de él recibían cuando le quitaban la vida para que ellos pudieran comer.

Hasta eso se ha perdido y los animales de esas granjas son tratados con violencia, dolor, incomodidades, falta de higiene y total desconsideración, tanto por el sistema que los explota como por los humanos que los manipulan, en su mayor parte seres ya embrutecidos, acostumbrados a despreciar  totalmente cualquier tipo de sensibilidad que sus víctimas, como seres vivos provistos de sentimientos que son, pudieran tener.

Un grupo de células, como tal, tienen todo el derecho a ocupar un cuerpo vivo, a reproducirse y a extraer parte de ese cuerpo para su supervivencia, así funciona nuestro organismo y los demás seres vivos de la Tierra. El problema surge cuando un grupo cualquiera de esas células multiplican su desarrollo sin control alguno, proliferan más allá de lo razonable y de lo posible, ocasionando con ello un perjuicio fatal al resto del cuerpo donde viven y comprometiendo finalmente la supervivencia de dicho cuerpo y el de ellas mismas.

A ese descontrol le llamamos cáncer que, en el caso de la especie humana, es incentivado por la codicia de quienes aspiran a incrementar ventas y beneficios constantemente. El comportamiento de nuestra especie, en lo que a consecuencias se refiere, no deja de ser el mismo tipo de crecimiento desordenado, con letales consecuencias para el cuerpo vivo que es el planeta, así como un al peligro al que sometemos, tanto al cuerpo principal, como al resto de sistemas, células y miembros del resto de ese cuerpo.

Es necesario poner un freno a tanto desatino, es necesario un poco de generosidad  para con los demás seres que viven en el planeta, aunque solo sea porque, si llegara el día en que nos faltaran, es seguro que los añoraríamos dolorosamente. Debemos intentar que desaparezcan estos centros de reclusión y crueldad donde, millones de otros seres, pasan por este mundo de una manera inhumana.

En definitiva, debemos abrir los ojos y ver los intereses del sistema, saber que la única utilidad de la desorbitada explosión demográfica de la especie humana son los beneficios empresariales, en forma de mano de obra barata y de consumidores que pagan por sus productos, debemos exigir un control y una reducción, tanto de la producción y del consumo, como de los individuos de nuestra especie que demandan dichos productos, aunque solo sea para que millones de humanos abandonen la miseria que conlleva la actual falta de recursos para todos.

Es duro que la ley de vida tenga como consecuencia que unos seres maten a otros para poder vivir, pero lo que repugna a toda ley de vida es que, a éstos, ni siqueira se les permitar tener una vida y disfrutar de ella mientras no les llega su hora.

Actualización:

La última barbaridad, relacionada con el asunto, de la que hemos tenido conocimiento. (Cuidado son imagenes muy fuertes) el entierro de cerdos vivos para no tener que gastar dinero ni tiempo sacrificándolos para prevenir enfermedades, millones de cerdos, en Corea: http://www.youtube.com/watch?v=vGC9XtnHSU0