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DE JABALIES Y ZORROS - (En el mar...)

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jabalíes ahogadosDE JABALIES

Estos días mucha gente se estará preguntando la razón de que aparezcan en la prensa noticias sobre jabalíes en el mar.
El Jabalí, al contrario que otros animales, como el conejo o el zorro, no poseen madriguera donde guarnecerse y salvar la vida cuando son acosados.
Hoy en día, dicen las estadísticas, hay más de sesenta mil “cazadores”, solo en Galicia, lo que ya constituye un serio problema para que el animal permanezca oculto durante la jornada de caza.

Además, con mucha frecuencia, se organizan “batidas” que, al contrario de lo que hace el cazador solitario acompañado de su perro, están formadas por grupos organizados de individuos armados, que conocen las vías de escape del animal, se organizan en grupos más pequeños de acosadores y tiradores y que, además, cuentan con la colaboración de abundante cantidad de perros.


El único recurso que tiene el jabalí, para salvar su vida y la de sus retoños, es enredarse en la espesura del sotobosque en un lugar donde el depredador humano no pueda perseguirlo, eso sí, siempre perseguido y acosado por la jauría de perros, adiestrados para la caza de este animal, que nunca cejan en su persecución guiados por el olfato.


Antiguamente la persecución llegaba a un punto en el que, el cazador, debía desistir de cobrar la pieza porque ésta le eludía y llegaba a un lugar lejos de su alcance.


La caza de “batida” organizada y con la participación de un elevado numero de “cazadores”, torna la acción evasiva del animal casi imposible, ya que, los acosadores, colocan una línea de fuego a sotavento, donde no pueden ser olfateados por el animal en fuga y allí se sitúan hasta una decena o más de tiradores, que aguardan la llegada del animal perseguido por los perros y por los batidores. Normalmente aquí termina la “batida” con la muerte, casi segura, del animal que tiene mínimas posibilidades de cruzar esta línea de muerte.


En este punto de la caza es donde suelen ocurrir las mayores violaciones de la ley, ya que los tiradores suelen elegir una pista o carretera, que el animal se verá obligado a cruzar y donde el tiro y la visibilidad son idóneos. En estos lugares está prohibida la caza, son zonas de seguridad, pero la falta de control, vigilancia y fiscalización de esta actividad, por parte de la administración, unido a la ignorancia de la mayoría de los vecinos y transeúntes sobre tal limitación, hacen que los cazadores violen impunemente estas restricciones, evidentemente, poniendo en peligro a los demás frecuentadores del monte o a las personas que circulan por la proximidades, todo agravado por el hecho de que estos individuos permanecen ocultos y en silencio por lo cual, toda persona que ignore la existencia de la batida puede encontrarse, de repente, entre disparos.


Bien, en este punto decíamos, suele acabar la cacería con la muerte del animal, pero, existe aún una mínima posibilidad de que éste consiga cruzar esa línea e intente llegar a ese lugar de salvación que es la espesura. Aquí es donde su destino está sellado, desde hace tiempo, debido a dos circunstancias que han cambiado radicalmente los usos de la caza tradicional.


La primera es la gran abundancia de pistas forestales, asfaltadas o no, las cuales ocasionan que, prácticamente, dicho lugar no exista ya que, cualquier maleza ,solo será una “isla”, tras la cual encontrará otra pista o carretera con espacio abierto y lugar de tiro.


La segunda es el hecho de que estos “deportistas”, que también se hacen llamar “cazadores”, llevan hasta el lugar de espera y disparo sus vehículos, todo terrenos o utilitarios ya que la preparación o el asfaltado de pistas permite a cualquier vehiculo circular por ellas y en número cada vez mayor, puesto que la posibilidad de acceso no se limita únicamente a los todo terrenos, se ven todo tipo de utilitarios. Los que llevan un todo terreno es por pura ostentación y "paletismo", ya que se les ve junto a los más frágiles utilitarios.


La falta de oportunidad de escape del animal viene dada por estos dos hechos, ya que , el depredador humano, en caso de que la pieza le sobrepase y no pueda dispararle en el lugar en el que se halla en ese momento, al comprobar tal hecho por los ladridos de los perros que continúan acosando al animal en fuga, se monta en su vehículo y se dirige rápidamente al próximo punto, carretera, pista o lugar despejado, que conoce de antemano, donde puede atajar la fuga del aterrorizado, agotado y desesperado ser que trata de salvar su vida. Allí lo vuelve a esperar y, finalmente, lo acaba matando.

 

Otra circunstancia, tan perversa y no menos decisiva, es el hecho de que, tales medios de transporte e infraestructuras fuera de lugar, evitan los largos desplazamientos, a pie y por medio del monte, que los participantes debían hacer antiguamente para aplicar esta táctica, así como una reducción considerable del tiempo necesario para aplicarla, lo que permite que, tanto batidores como tiradores, se sitúen en pocos minutos en su lugar de inicio, con lo cual pueden repetir varias veces la operación en un solo dia. La utilización de emisoras y teléfonos móviles, además, incrementa considerablemente tanto la la eficacia como la coordinación de los participantes.


Cmo resultado de todo ello, los animales que se caen al mar, son los que superaron varias líneas de disparo y al no cesar la persecución y a falta de refugio adecuado, acaban llegando al litoral. Los que están lejos del litoral acaban muertos.
Esa es la caza que practican estos “deportistas” hoy en día.

 

Serie de dos artículos (El próximo sobre Zorros...) dedicados a los innumerables apoyos recibidos de toda la geografia española.

 

 

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