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Salva un roble.

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01-04-2012 - (Gallego) Nos gustaría compartir, con todo los ciudadanos que ocasionalmente circulan por el monte,  una costumbre que llevamos años practicando al objeto de salvar muchos robles que, debido al abandono de tierras, están siendo objeto del abrazo mortal de las hiedras.

Este tipo de trepadoras aprovechan la falta de limpieza de muros, así como la ausencia de labores de labranza de la tierra, para extender sus tentáculos por vía aérea (las ramas de la hiedra que alcanzan a los robles) o por vía subterránea (las raíces que de extienden bajo tierra).

Tradicionalmente, la limpieza de muros impedía la propagación de la hiedra, mientras que el labrado de las tierras ocasionaba el corte y la pérdida de sus raíces, con la consecuencia de que dicha planta no se extendía bajo tierra.

En la actualidad, podemos ver como centenares de robles se hallan prácticamente “ahogados” a causa de la invasión, por parte de la hiedra, de sus trocos y ramas. Hiedras que, en ocasiones, alcanzan la cima del roble y el calibre de sus tentáculos la decena de centímetros de diámetro.
Incluso en tierras trabajadas y cuidadas podemos ver en las lindes, donde se dejaron robles, que los mismos están totalmente invadidos por la hiedra, ya que las fincas lindantes se cultivan pero la zona de bosque que las delimita está abandonada.

Estos robles acaban sucumbiendo a la acción parásita de la hiedra y secan.

El remedio para evitar que eso suceda es sumamente simple, ya que, si cortamos los tentáculos de la hiedra en la base del roble, toda la planta seca y en unos pocos años toda la hiedra que se extiende por el roble acaba pudriéndose.

Adjuntamos fotos donde se pueden ver robles totalmente invadidos por las hiedras, el estado de las mismas a los tres o cuatro días de ser cortada la planta, y las hiedras secas después de unos meses desde que se les cortó el suministro de nutrientes procedentes del suelo.

Basta con llevar una pequeña hacha para los casos de hiedras muy gruesas, o un “coitelo” (tipo hoz, pero más resistente) para hiedras de menos de 5 cm. de diámetro. Las más finas incluso se retiran con la mano, aunque no es recomendable, ya que podemos sufrir algún tipo de erosión en los dedos.

Como se puede ver un pasatiempo para los paseos por el campo, que une lo útil con lo agradable.

 

 

 

Roble totalmente invadido por la hiedra (pinche en la imagen para ampliar).

 

 

 

 

 

 

 

Roble al que se le cortó la hiedra (obsérvese el calibre del tallo de la hiedra)

 

 

 

 

 

Roble "curado", a los pocos días ( la hiedra empieza a secar).

 

 

 

 

 

 

 

Robles con las hiedras que les invadían ya secas.

 

 

 

 

 

 

 

Tallos cortados, y ya secos, de una hiedra enorme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otro roble tratado donde la hiedra empieza a secar.

 

 

 

 

 

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