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Chispita

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chispita27-08-2012 - (Gallego) Cuando en el año 2008 atendíamos a la perrera de O Carballiño, trajeron una perrilla, de nombre  “Chispa”, que había pertenecido a una señora recientemente fallecida. Sus herederos tuvieron buen cuidado de apropiarse de los bienes materiales que dejó y, consecuentes con la mala baba de este pueblo insensible, brutal e ignorante, dejaron a la perra en la perrera. Posiblemente la única herencia que la fallecida hubiera agradecido que cuidaran fue precisamente a la que primero dejaron abandonada. Confiamos en que no hubiera peleas por otros bienes materiales, lo que no es descartable entre individuos de semejante calaña.

Como posible secuela de la cómoda vida a la que estaba acostumbrada, fue incapaz de comer las carcasas de pollo crudas que hasta el día de hoy constituyen el único alimento de los animales en dicha perrera. Tampoco dormía en el suelo y pasaba las horas en un mugrienta silla que había en el local donde la guardamos para evitar sus constantes fugas. Porque su característica más destacada era la habilidad que tenía para fugarse de las jaulas, trepando por la tela metálica y saltando al exterior, se podría decir que sus ansias de libertad eran sorprendentes.

Tras cuatro días sin comer observé como intentaba sobreponerse a la repugnancia y cogía con la punta de los dientes una de las carcasas de pollo, posiblemente acuciada por un hambre ya insoportable. Fue tal la impresión, que me la llevé con la esperanza de adjudicarla a algún vecino.

Tras varios intentos fallidos de encontrar un adoptante, al final nos quedamos con la frágil, sensible, elegante y agradecida damisela blanca, con manchas negras, de cuya adopción nunca nos hemos arrepentido. Mucho por el contrario, día a día nos sorprendió con sus habilidades, sociabilidad con vecinos y capacidad de agenciarse amistades incluso con vecinos que guardan severas reservas respecto a los perros.

Como característica a destacar y que ya le venía de antiguo, su empeño en trepar por el cierre de la casa y pasar días y noches en el exterior, confraternizando con los vecinos y con sus mascotas, gatos incluidos.

Cuando de salir a paseo se trataba era sorprendente su adaptabilidad al monte, su capacidad de encontrar el más tenue rastro, su habilidad para encontrarse con otros habitantes del monte e incluso su sociabilidad para trabar amistad con un zorrillo al que visitaba todas las mañanas cuando los demás salían a aliviar sus necesidades más inmediatas.

Descubrió el monte en nuestra compañía y llama la atención como una perrilla señoritinga, acostumbrada a la ciudad y posiblemente a un piso, era feliz corriendo entre tojos, xestas y zarzas siguiendo un rastro, perdiéndose por el monte en cualquier ocasión que se le presentaba; durante un paseo, mientras los demás esperaban a que realizara una labor en alguna finca, o en las salidas mañaneras mientras los demás se aliviaban, en la primera salida rápida de la mañana, de las restricciones de la noche.

Era, por el contrario, muy tímida en relación a otros perros a los que no conocía perfectamente, de los cuales huía incluso cuando, acompañándonos en caminatas, se topaba con alguno en la vecindad lo que ocasionaba su inminente huída del lugar para encontrárnosla posteriormente esperando en la puerta de casa.

Recientemente, por cuestiones familiares, trajeron para el pueblo una “american stafford” con seis crías, a las que posteriormente buscaron dueño, pero dejaron a la perra al cuidado de los “abuelos” en el pueblo. Abuelos que como es obvio poco saben de razas peligrosas y de sus cautelas. Los informamos, pero suponemos que no dieron la atención necesaria ya que la perra con los humanos era sumamente dócil y en estos pueblos no había precedentes de tal tipo de perro.

Hoy sucedió lo que nos veníamos temiendo, sacaron a la perra a dar su paseo diario y se topó con “Chispita” la cual, en lugar de huir como es su costumbre y posiblemente confiando en mi presencia, no pudo evitar que la perra de presa, sin mediar aviso previo, la apresara por la mandíbula.

Por mucho que lo intentamos, ni el abuelo de la propietaria ni yo, ni siquiera entre ambos, conseguimos que soltara la presa. Al menos yo era consciente de que la solución no consistía en golpear al animal, lo cual es ampliamente sabido que solo incita a que agarre con más fuerza, de manera que tratamos de suspenderla por la patas traseras, de pellizcarle la ingle, de sujetarla por el hocico, la suspendimos en el aire…todo inútil, la soltó cuando a ella le pareció bien y después de zarandearla brutalmente en varias ocasiones.

Corrimos al veterinario quien constató que tenía la sujeción inferior de la lengua destrozada, la mandíbula inferior rota en la unión del lado izquierdo (por donde la apresó la otra perra) con el lado derecho, así como en la articulación de la mandíbula, el paladar perforado y posible rotura del nervio maxilar.

En el caso de que se la pudiera curar, las secuelas serían severas, con posibilidad de que no pudiera controlar los movimientos de la lengua, mover la mandíbula o incluso imposibilidad de comer.

Cuando se te viene encima una losa de tal dimensión, cuando te ves ante la tesitura de decidir el sacrificio de un ser vivo al que debes momentos, detalles, sentimientos, caricias, alegrías,… es cuando se te cae el mundo encima.

Cuando te sientes impotente ante lo inevitable de la realidad, cuando te aterroriza la necesidad de tomar una decisión, cuando debes sobreponerte al egoísmo de no querer perder algo que de repente de vuelve imprescindible  u optar por el sacrificio indoloro de ese ser querido que hace media hora revolteaba naturalmente junto a ti. Mirar más allá y ponderar entre someterla a un calvario de cirugías, tratamientos y recuperaciones inciertas para no perderla o darle la última paz y redimirla de todo sufrimiento.

La hemos enterrado, junto con los otros dos inolvidables compañeros que yacen en el mismo lugar, bajo las ramas acogedoras de tres frondosos castaños. Posiblemente nos esté doliendo y nos dolerá especialmente porque, en este caso, no hubo aviso previo, ni enfermedad, ni edad avanzada y, como en toda desgracia repentina, su vida se fue cuando aún es demasiado temprano, cuando su juventud nos auguraba todavía años disfrutando de sus alegres saludos, su agudo ladrido, sus entusiasmados saltos a nuestra llegada y sus ingeniosos recursos para subirse a nuestras piernas cuando nos encontraba sentados.

En el año 2009 la crueldad, la corrupación, la desidia, la pereza y la incompetencia causaron la muerte de más de 150 perros en la perrera municipal de O Carballiño, entre ellos, todas las hembras, incluso las que se hallaban paridas y con crías, todas las crías ya destetadas, y un enorme número de machos. Afortunadamente el hecho de que la hubiéramos retirado del lugar en aquél momento y la hayamos adoptado, evitó que hubiera sido una víctima más y acabara en la fosa común que descubrimos el dia 3 de marzo de 2009.

Los amorales descendientes de su dueña original, en su brutalidad e insensibilidad materialista, ignoran por completo el ser grandioso que dejaron tirado en una perrera y de cuyo disfrute obviamente no eran dignos, dándonos a nosotros, en compensación, la enorme alegría de disfrutar de su compañía y de su existencia estos poco más de tres años que representó una parcela más de felicidad para nuestras vidas.

Descansa en paz Chispita, que encuentres en el mas allá frondosos bosques por donde corretear y convivir con lo más noble de los seres vivos: Aquellos que no pertenecen a la especie humana.

 

 

Hoy he descubierto que casi no tengo imágenes de ella...

http://youtu.be/0BGEP0TkAEI