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Espacios naturales que son artificiales.

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Destrozos de Fenosa25-05-2012 - (Gallego) Cegados por el maltrato animal, los groseros atentados contra el medio natural, la fauna o el equilibro del medio ambiente a veces saturamos, tanto a los medios, con noticias reiterativas sobre esos tópicos, como a quienes ya estamos convencidos, con una información reiterativa que en poco ayuda a que las cosas cambien. El destinatario de tales mensajes debería ser el público no concienciado y las gentes que, por falta de acceso a la información sobre el asunto, o por falta de acceso a los medios que los difunden, no son conscientes de tal problemática.

Continuar insistiendo en esos tópicos, manidos en demasía, entre las gentes que a diario  nos preocupamos de ellos es una práctica, a nuestro entender, endogámica, reiterativa y poco eficaz para resolver el asunto mientras dicha información no alcance a esa mayoría de la población que escasamente se ocupa, o puede informarse, de la problemática medio ambiental.

Es verdad que mucho se ha progresado en la concienciación ciudadana por el medio ambiente y la fauna, pero falta romper las barreras que aún mantienen aislada a gran parte de la población sobre el problema y la enorme trascendencia que ejerce sobre nuestra calidad de vida y la de nuestros descendientes, la posibilidad de que puedan conocer especies animales hoy en día en riesgo de extinción, bosques en estado natural, aire puro, fauna marina, diversidad biológica, etc.

Viene al caso porque quería compartir una sutil experiencia que normalmente pasaría desapercibida al no tratarse de esos impactantes titulares que a diario reclaman nuestra atención debido a la brutalidad de los mismos, al grosero desprecio por los recursos naturales o por las demás especies.

Se trata de un hecho que podríamos encuadrar en un tópico común cual sería el de los espacios naturales, o concretamente el monte, entendido éste como lo opuesto a lo humanizado, lo natural como concepto opuesto a lo artificial, a lo ya manipulado por la especie humana.

Creemos que tales espacios solo deberían ser calificados como naturales, o como monte -en su acepción de lugar donde los animales viven y se reproducen entre condiciones naturales idóneas y tradicionales- siempre que dichos espacios o dichos montes no hayan sufrido intervención humana de ningún tipo. Cualquier intervención o modificación por parte del hombre en la evolución natural del monte por su cuenta, por muy sutil que la consideremos, hará que dicho monte deje de ser natural y cese su función como espacio adecuado para la fauna, a la cual, solo le vale lo que podríamos denominar natural, natural, o sea, sin intervención alguna.

El tipo de intervención que desvirtúa la condición natural del monte tanto puede ser la apertura de una pista, como las que a diario se abren para retirar madera, como las provisionales y precarias que se llevan a cabo para el acceso de los medios que combaten los incendios, y no digamos ya las masivas y radicales limpiezas de vegetación, con maquinaria altamente invasora, que realizan últimamente las compañías eléctricas.

Intervenciones  tanto más nocivas cuando las mismas se llevan a cabo en esta época del año, que es cuando casi todos los animales se hallan en proceso de reproducción y la brutal invasión de esa maquinaria desbrozadora no solo tritura animales como el erizo, el sapo, las serpientes, etc. sino que destruye y pulveriza nidos, madrigueras y crías sin la diligencia suficiente aún para poder huir.

Fenosa arrasa faunaRecordemos que, en Galicia, existen más de 2.000 Km. de líneas de alta tensión que están siendo desbrozadas con enormes tractores provistos de remolques con cadenas que giran a grandes velocidades y que trituran todo o que se halla a su paso y a ras del suelo.

Peor no solo esas groseras intervenciones de las que acabamos de hablar, y que a nuestro juicio deberían estar prohibidas, son las que ejercen influencia en el medio natural. Este medio es tan sensible que incluso intervenciones mucho más sutiles y delicadas pueden afectar a una zona donde menos nos podríamos imaginar que tal hecho pudiera acontecer.

Recientemente llevábamos a cabo la limpieza de algunas fincas que tenemos protegidas como "Refugios de fauna", utilizando métodos manuales y observando la existencia o no de nidos entre las zarzas y tojos, cuando observamos que, al arrastrar la vegetación mas baja con los rastrillos, en dos ocasiones hubo que suspender los trabajos ya que, al ser zona poblada por helechos, éstos habían creado, durante dos o tres décadas, una gruesa capa de materiales secos entre los cuales había surgido un hábitat idóneo para la proliferación de roedores, los cuales, con su presencia, también habían atraído una población de serpientes de diversas especies, y que habitaban el lugar en perfecta sincronía con la abundancia de ratones.

Los trabajos de arrastre de la vegetación ocasionaron lesiones a dos de estas serpientes y nos abrió los ojos al hecho de que los espacios naturales, por muy estériles que se nos antojen a simple vista, están pletóricos de vida y constituyen un ecosistema singular.

Tales espacios, solo se mantendrán naturales si el hombre no ejerce intervención alguna sobre ellos y cualquier espacio, cuando quads en pistasse mantiene por su cuenta durante unos años, acaba transformándose en un habitat con sus peculiaridades, su fauna y su aprovechamiento natural de recursos por parte de especies que se adaptan a las condiciones creadas.

Pues bien, si este tipo de limpieza cuidadosa y limitada ejerce una notable influencia en la normal existencia de la fauna y de sus espacios, imagínense Vs. las agresivas, radicales y brutales actividades que a diario el hombre, sus intereses económicos y su desprecio por el resto de especies, realiza en el medio natural haciendo que espacios que, desde la distancia, nos parecen bien conservados y provistos de vegetación en realidad son espacios ya degradados, casi estériles debido a las intervenciones esporádicas o continuas del hombre, con su presencia, sus máquinas, sus ruídos, sus vehículos, etc. que impiden la estabilidad y la continuidad para que en ellos puedan vivir otras especies.

No digamos ya la inaceptable y brutal destrucción que dichas intervenciones ocasionan cuando son realizadas de forma indiscriminada y radical como las que contemplamos a diario, que solo visan ahorrar costes y agilizar el trabajo, sin consideración alguna para los seres que allí viven, o deberían vivir, y cuya existencia tornamos imposible.