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De jabalíes, escopeteros y animales atropellados.

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01-01-2012 - (Gallego)  Lo íbamos a titular “leyendo entre líneas” y es que el reportaje no tiene desperdicio. Consta de dos artículos y una galería de fotos de la Voz de Galicia, en los cuales un reportero narra el día de batida que compartió con unos cazad.., no, escopeteros.
Como tenemos de testigo al susodicho reportero, huelga que narremos nosotros nada y solo nos limitemos a analizar su propio relato.

Para empezar, ya destaca el título de uno de los artículos:
La tecnología llega al monte: Perros con collares GPS, teléfonos móviles y «walkie- talkies»”.

Es evidente que quienes cuentan con tal tecnología son los escopeteros, que no cazadores - porque cazador es otra cosa que hace tiempo dejó de existir, por dignidad y para que no los confundieran con estos urbanitas matabichos (y por encima mansos)- porque, lo que son los animales, no han recibido “tecnología” alguna, y para  intentar salvar su vida, o evitar pasar varios días con un disparo en el cuerpo, sufriendo en  una cuneta destripado, o con ambas piernas destrozadas, con lo único que siguen contando, desde la noche de los tiempos hasta hoy, es únicamente con sus propias patas para huir.

Vemos, en cambio, como los escopeteros, y según el propio relato del reportero, ejercen su actividad utilizando un coche, en el cual mantienen un “centro de comunicaciones”, además  de otros vehículos, muchos perros y buenas comunicaciones instantáneas, para desplazarse de un lugar a otro siguiendo las instrucciones recibidas por radio, para perseguir y atajar al animal que huye.

Ya se puede imaginar cualqueira que muy equitativo, que digamos, el lance no lo es, más bien asemeja una ejecución que un lance de caza en el que el animal pueda contar con alguna posibilidad de huida, puesto que entre tanta “tecnología”, perros que acosan y señalan el lugar por donde huye el animal, walkies para avisar al resto de la cuadrilla y un buen número de escopeteros que se desplazan rápidamente en coches para cerrar cualquier posible camino de huida a la manda, pocas posibilidades tienen esos “audaces” y “entendidos” escopeteros de fallar en su cacería. Pero hay más.

Si intentan hacernos creer, conforme reza en el artículo, que “Los cazadores dicen ser la clave para poner algo de orden en semejante selva”, no parece que este tipo de comportamiento sea el más adecuado para solucionar el problema de los animales que acaban destrozados en las autovías y dañando al coche que suele acabar con sus vidas. Claro que, porque lo digan ellos, no significa que sea verdad. Ni mucho menos.

Como es evidente, el acoso de perros y hombres armados, el ruido, la huida despavorida y en pánico, lo único que consigue es que los animales salgan de sus lugares habituales, corran cegados por el miedo en cualquier dirección y acaben, muchas veces, dentro de una autovía, autopista o carretera cualquiera, por donde circula tranquilamente un pacífico ciudadano que acaba con su coche destrozado, su vida en peligro y el animal muerto o agonizando durante horas en la cuneta, como consecuencia del “pasatiempos” de esos escopeteros que aún se pretenden “ecologistas”, “solución” al problema del jabalí y “séptimo de caballería” para los problemas de los agricultores y el equilibrio de las especies.

Eso es lo que provocan estos “salvapatrias”, lo que sucede es que eso no lo pueden confesar y prefieren promocionarse como héroes para tener carta blanca todos los días del año para poder salir al monte a dar tiros con la disculpa de que “regulan” el número de animales. No somos capaces de explicarnos como sobrevive la Amazonia sin éstos "fundamentales" sujetos, para que se encarguen de mantener el "equilibrio" ecológico y el número de animales.

También se relata en el artículo que, los matarifes, insistieron en acabar con la vida del macho de la manada. Otra demostración de falta de sentido común en quienes solo salen al monte a pasar el tiempo y a divertirse matando animales indefensos sin antes informarse de cómo funcionan las cosas, o sea, por no leer más. El macho de la manda es quien la mantiene unida, cohesionada, quien la dirige y quien la conduce a los comederos y refugios por senderos que conocen basados en su experiencia. Muerto el macho, el resto de la manda se disemina, muchos se pierden, no consiguen regresar a su territorio y acaban donde menos se les espera o donde menos se les desea. Algunas veces también en una carretera.

Finalmente vamos a dar un margen de confianza al “plumilla” (afectuosamente) y pensar que la frase que cita en el primer reportaje (…”uno de cuyos ejemplares, incluso, se echó encima del coche del presidente de la Xunta y del de un conselleiro”) fue debido a un lapsus narrativo, puesto que nos negamos a creer que en serio piense que una animal puede “echarse” encima del coche de todo un Presidente de la Xunta.

Utilizar ese tipo de expresiones no contribuye precisamente a dar credibilidad a quien las usa.

Cuanto a los escopeteros, posiblemente sea éste grupo una especie única, o la presencia del reportero haya condicionado sus comportamiento habitual de consumados adictos a los chupitos por la mañana y tintorro a la hora de la comida, habida cuenta la escena que narra el reportero cuando dice que “Comidos, pero no bebidos - en esta cuadrilla son rigurosos con el alcohol…” aunque les traiciona el final del otro artículo, donde narra que “Salen las navajas, el pan del país, botellas de Fanta y una bota de vino”. Imaginamos lo de las botellas de Fanta sería para disimular porque, en las fotos, sí aparecen botellas de vino, pero ninguna de refresco.

Mérito, lo que se dice mérito, en todo este asunto que se relata, solo lo tienen los jabalíes y los perros, que luchan apenas con su cuerpo, no se meten con nadie y solo pretenden conservar la vida y criar a sus hijos.

Tampoco se divierten matando a otros individuos de otras especies y mucho menos por diversión.