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De las relaciones entre niños y animales

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29-08-2010 - (Gallego) Hace pocos años la mayoría de la población española, al contrario de lo que sucede hoy en día, vivía en el campo. Todos sabíamos que la lecha salía de las vacas, no como ahora cuando, algunos críos, el día que descubren tan elemental verdad, dejan de tomar leche porque les da asco.

Recuerdo como nuestros mayores, en el campo, nos encargaban de yuntar las vacas para arar o tirar del carro, como éramos los responsables de llevarlas al prado y vigilarlas mientras pastaban, las muchas veces que debíamos aparejar el borrico y llevarlo hasta el molino cargado con un saco de maíz en la ida y con la correspondiente harina a la vuelta, etc. Labores de las que nos encargábamos con apenas 10 o 12 años de edad y en las que el trato y manipulación de los animales era actividad corriente, natural como la vida misma y asumida por todos. Grandes y pequeños.

También recordamos muchos de nosotros que, entonces, el medio de transporte más moderno que existía en los pueblos era el tradicional carro de vacas, mientras que hoy en día la aldea que no tiene una autovía o una autopista ya se considera discriminada por la administración. Ello a pesar de que carecemos de servicios mucho más básicos, pero el provincianismo que nos invade lleva a la mayoría a confundir automóviles con progreso cuando eso es cosa de hace 40 años, cuando los alemanes ya tenían coche y nosotros seguíamos con el carro de vacas.

Aunque eso es asunto para otro artículo, parece que tal cambio de costumbres ha transformado, al menos a ojos de los padres, el trato de los niños con los animales en algo exótico y peligroso, mientras que la compañía de las máquinas, coches, motos, etc. se ha tornado algo trivial. Nada de especial tendría no fuera porque, actualmente, parece que se considera peligroso cualquier contacto de niños con animales pero no sucede lo mismo si dicho contacto es con las máquinas. Algo sorprendente.

Casi todos nosotros hemos convivido con los perros del pueblo, incluso con los gatos y por supuesto con las vacas, las ovejas, el borrico, las gallinas, ranas, sapos, lagartijas, etc. sin que nadie se extrañara de tal relación, ni nuestros mayores corrieran despavoridos a arrancarnos de la proximidad de tales animales.

Hoy en día asistimos al hecho inédito de que ese tipo de relación, que todos los especialistas en comportamiento consideran más que útil para el desarrollo y la comprensión del medio natural, asi como para la mejor relación con el entorno y con las demás especies, se está perdiendo. El hiper proteccionismo de muchos padres los lleva a evitar, e incluso huir, de la relación entre sus hijos y las demás especies.

Asistimos continuamente a una fobia progresiva hacia cualquier tipo de animal que se acerque a los crios e incluso peleas y discusiones porque alguien lleva a sus perros sueltos, lo que, por parte de los paranoicos y súper protectores padres, automáticamente es considerado un atentado contra la integridad física de sus retoños, sin considerar siquiera que, dichos animales, pueden ser la cosa más afectuosa, noble y cariñosa del mundo, como suele acontecer con la inmensa mayoría de animales de compañía.

Tampoco se paran a considerar que casi todos los dueños de mascotas saben perfectamente del comportamiento de sus animales y, si los dejan sueltos, es porque confían plenamente en su buen carácter y en la relación comprobada con los más pequeños de la casa.

Nada de eso se tiene en cuenta por parte de esos histéricos y desequilibrados padres, que transmiten a sus hijos el miedo general a los animales y no les permiten la relación con los mismos.

Infelizmente muchos de esos mal criados niños, posteriormente, se transforman e agresores de sus progenitores, como a diario comprobamos en los medios, siendo responsables de tal  hecho, en la mayoría de las ocasiones, sus propios padres al no permitirles aprender la nobleza, la tolerancia, el buen carácter y la gentileza que la mayor parte de los animales de compañía dispensan a nuestra especie.

En contraste con tamaña preocupación por la presencia de perros u otros animales, que en la inmensa mayoría de los casos son sociables y afables, estos mismos padres no muestran la más mínima preocupación cuando los niños cruzan entre los coches, circulan en las proximidades de las carreteras, o se pasan horas en internet sin control alguno.

Está mas que probada la influencia positiva de los animales en el desarrollo de los niños así como en el tratamiento de diverso tipo de enfermedades tanto físicas como psíquicas. No es a causa de algún caso aislado de agresiones, de las cuales los propietarios serán los responsables, que se debe impedir la relación entre animales y humanos, como tampoco debemos condenar a todos a que constantemente circules atadosa una correa. Evidentemente que, los que pertenecen a razas potencialmente peligrosas o los que tienen antecedentes de agresividad, deben tener un control especial e incluso limitar su posesión.

Lo que no consideramos lógico es que, cualquier perro, deba ser considerado como agresivo a priori y enseguida se le exija a su propietario que lo tenga constantemente atado. Más bien, y por ello hemos recordado épocas pasadas en que esto era normal, todos los animales domésticos, en principio, deben ser considerados dóciles y así ser tratados. Las excepciones no deben fijar las normas para la mayoría, mismo porque el animal agresivo, pertenezca a la especie que pertenezca y a pesar de toda la normativa que exista sobre el asunto, en un momento o en otro acabará agrediendo a alguien.

Para los más apegados a la normativa en vigor, le diremos que no existe ley alguna que obligue a que los perros vayan atados, excepción hecha de los pertenecientes a razas potencialmente peligrosas, o a la normativa de algún ayuntamiento que, por motivos electoralistas, ha emitido algún tipo de ordenanza al respecto.