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Melón - La explotación exhaustiva del labrador gallego.

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14-04-2011 - (Gallego) Ya estamos con la bajada de pantalones y perdónese por la expresión, ante la oferta, o “exigencia” como reza el texto, de empresas extranjeras que imponen sus condiciones para instalarse en nuestra tierra. Verbigracia la empresa de coches eléctricos inglesa que, en connivencia con políticos oportunistas, están enseñando “caramelos” al pueblo de Melón.

Lo primero que habría que preguntarse son las razones por las cuales esta empresa no se instala en su tierra, o sea, en Inglaterra. Como no parece que su inclinación por la comarca de Melón sea debida al amor que profesa a dicha comarca, estos incautos, que ya están ofreciendo el oro y el moro para obtener tanto progreso y tantos "puestos de trabajo", deberían primero hacerse esas preguntas.

Para inicio deberíamos recordar todas aquéllas empresas, sobre todo de automóviles, que obtuvieron pingües subvenciones para instalarse en España y que luego abandonaron el País en cuanto vieron mejores oportunidades en otros lugares como China. Se les dejó ir y nadie les reclamó que devolvieran las “ayudas” que se les había dado.

De manera que debemos suponer que dicha empresa de coches eléctricos viene a España, a Orense o a Melón en busca de tierras baratas, ventajas fiscales, sueldos de miseria y empleos precarios. Para hacernos un favor difícilmente.

Dice la noticia que se está procediendo  a realizar estudios para ver si los trabajos de movimientos de tierra y urbanización (100.000 m2) para “cumplir las exigencias” de dicha empresa son viables, o sea, que hay que hacerles el trabajo para que luego ellos se instalen sin coste alguno. Valiente modo de hacer el primo y conseguir inversiones para la comarca.

También se dice que los vecinos están ofreciendo sus terrenos, de forma gratuita, para que dicha empresa allí se instale, ya que, argumentan, “para que queremos los montes si nadie los trabaja”, como si la única finalidad que tiene dichos montes fuera el que alguien los trabaje, como si esos montes, antes de que los humanos se los apropiaran, no tuvieran otras utilidades de tipo ambiental y de territorio para otras especies. Así somos de ambientalmente concientes, lo que indica que, a lo mejor, nos merecemos lo que nos pasa, por no ver más llá del vil metal.

Tampoco se les ocurre que las inversiones, que se van a realizar para que las aproveche una empresa extrajera,  no sería mejor que se utilizaran para mejorar la vida y los medios de subsistencia de las gentes del rural, en forma de racionalización del campo, modernización de explotaciones y un sin fin de iniciativas que permitan fijar a la población rural en su territorio sin que tengan que abandonar su tierra y sin que haya que transformar el campo en polígonos industriales, fuera de su entorno, colapsando y contaminando recursos que no están proyectados para tales usos intensivos, al mismo tiempo que arruinan el futuro del campo como lugar donde vivir con cierta calidad de vida.

Porque ese es otro aspecto, siempre hemos defendido que las industrias se ubiquen en zonas industriales, que hay muchas y con mucho espacio ocioso, sin que vayan a destruir espacios rurales, donde lo que se debería hacer es potenciar su característica rural, agrícola y ambientalmente sostenible, puesto que ahí es donde consideramos que está su futuro y no malvenderlo para que una empresa extranjera allí se instale y contamine todo el entorno, destruyendo su calidad de vida actual y su futuro como zona residencial de calidad para quienes deseen huir de la vida agitada de las ciudades.

Y es que la falta de información y la desesperación de las gentes que fueron abandonadas por sus “gobernantes”, acaban provocando más daños que la astucia de empresarios y políticos oportunistas.

El hecho de que se coloque una empresa en un pueblo o aldea no implica necesariamente que allí se vaya a dar trabajo a los habitantes del lugar, entre otras razones porque toda empresa necesita trabajadores cualificados y posiblemente los procure en otras latitudes o los traigan de sus centrales, al mismo tiempo que, si existiera trabajo, los habitantes de Melón tanto lo hallarían en Melón como en otro lugar cualquiera donde se ofertara.

En otras palabras, es una falacia pensar que el hecho de que se regalen fincas, se destruya un territorio, se coloquen industrias en los lugares menos indicados o se creen parques industriales en una aldea con vacación rural, sea garantía de que sus vecinos vayan a tener, como mucho, algo más que algún empleo subalterno y poco cualificado para unos pocos.

El problema no es ése, el problema es que no hay trabajo y las empresas están cerrando por falta de clientes, porque la gente no compra, porque nos están arruinando con tanta globalización, privatización, empleo eventual y sueldos de miseria y porque no se vende nada. Porque somos muchos a repartir, muy poco lo que va quedando y quienes reparten se están quedando con todo.

Cuando esto cambie, si cambia, habrá trabajo y empleos en cualquier lugar y no será necesario que nos coloquen una fábrica al lado de la cama para obtener un empleo. No seremos los habitantes de los pueblos quienes descubramos la solución para el desempleo, regalando fincas y arruinando nuestras aldeas, no seamos tan pretenciosos de querer saber más que todo el resto de parados y más que los alcaldes de las grandes ciudades.

Eso solo es un engaño para que algunos espabilados obtengan beneficios, ventajas y privilegios, que en ciudades grandes se les niegan, de alcaldes palurdos y de gentes incultas.

Que consigan gratis todo y, cuando a estas empresas ya no les convenga, los dejarán tirados con la chatarra de sus fábricas abandonadas como compañía y con su futuro de vida rural arruinado, al igual que sus bosques, así como una la tremenda herida, de la tierra removida, en medio del campo, en lo que hubiera sido un paisaje más valioso que cualquier industria, nociva como todas ellas.

Estas iniciativas solo pretenden aprovecharse de la desesperación de las gentes del campo, que fueron abandonadas a su suerte por los dirigentes políticos, quienes ahora también pretenden utilizarlos, una vez más, para enriquecerse  manejando fondos de parques industriales y equipamientos para los mismos.

Tal vez un día veremos, con total seguridad, como habrán acertado quienes supieron conservar y promocionar su riqueza natural, que valdrá lo impagable por escaso, y lo que perdieron quienes lo vendieron a la especulación, la destrucción y la contaminación, que habrán destrozado su futuro.

Pan para hoy y hambre para mañana.

Vea aquí las declaraciones incautas y desesperadas de éstos infelices:

http://www.lavozdegalicia.es/ourense/2011/04/14/0003_201104O14C11993.htm
"Para que queremos montes se non se traballan".
http://www.lavozdegalicia.es/ourense/2011/04/14/0003_201104O14C11995.htm
"A xente vaise ao non haber traballo".
http://www.lavozdegalicia.es/ourense/2011/04/14/0003_201104O14C11994.htm
"Seria o pan de cada día".

http://www.lavozdegalicia.es/ourense/2011/04/14/0003_201104O14C11991.htm
Vecinos de Melón regalarían sus terrenos para el polígono.