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Ecologismo y sociedad.

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02-05-2011 - (Gallego) Hace tiempo que tenemos pendiente tratar el tema del ecologismo, las asociaciones ecologistas y la relación entre los ciudadanos y éstas asociaciones.
Parece una obviedad asegurar que el asociacionismo en general, y el ecologista en particular, son las formas más eficaces de defender derechos y proteger, en este caso, el medio ambiente y la fauna.
El tipo de institución que, por lógica, no debería faltar en ninguna comarca – sobre todo en algunas en particular, donde los vecinos no destacan precisamente por su belicosidad y compromiso ante los poderes públicos o económicos – si pretendemos tener un medio de luchar contra cierto tipo de problemas.

Deberíamos pensar en que su utilidad es como la del paraguas, que lo tenemos porque sabemos que un día lo vamos a precisar, y que, de no existir, habría que crear una sin falta.

Aunque para mucha gente, más concienciada, esto puede constituir una obviedad, lo cierto es que su utilidad se le escapa a muchos ciudadanos, la mayoría de los cuales cree que las asociaciones ecologistas son una especie de institución gubernamental, hartamente subvencionadas por los poderes públicos y que engordan a la sombra de la política y de recibir jugosas cantidades de  dinero.

Suposición que, en algunos casos, pudiera ser cierta para algunos grupos, pero que indefectiblemente le va a restar independencia, propensión a defender a sus mecenas y atacar a los contrincantes.

Son, para una gran mayoría, un tipo de instituciones desconocidas, algo excéntricas y que la mayor parte de los ciudadanos, en principio, no tienen previsto relacionarse con ellas nunca. Algo que de vez en cuando aparece en las noticias y cuyas posturas acaban siendo calificadas como contrarias al “progreso”.

En contraste con esta opinión poco informada, cuando algún problema se le presenta al ciudadano medio, relacionado con un animal abandonado, uno herido o el proyecto de alguna instalación insalubre, peligrosa o lesiva a los intereses de alguna comunidad o de algún individuo, enseguida sí que se acuerdan de echar mano de estas asociaciones, llamar por teléfono y procurar que les resuelvan el problema.

Lo nunca imaginado, tener que ponerse en contacto con los “ecologistas”, para que se ocupen de lo que ellos no saben ni como encarar.

Normalmente, tras este pequeño contacto, y expuesto el problema a la asociación ecologista, ya consideran que han cumplido con lo que se espera de ellos y descansan tranquilos en la convicción que los “ecologistas” se encargarán de resolver el entuerto.

Lo sabemos por experiencia.
Nunca hemos negado apoyo a vecinos o ciudadanos que nos han procurado, siempre les hemos echado una mano cuando hemos considerado que le asunto estaba justificado.

Asimismo, siempre hemos comprobado que, por ignorancia de cómo funcionan las cosas, por comodidad o por puro egoísmo, solo en raras ocasiones quienes nos han procurado en busca de ayuda, se han preocupado de preguntar si también nosotros precisábamos algún tipo de ayuda o de colaboración para llevar a cabo nuestras actividades.

Lo normal fue que el asunto ni se tocara y esos ciudadanos deben suponer que alguien se ocupa de nuestra existencia y ellos solo tienen que pedir lo que necesitan y una vez conseguido, o no, olvidarse de nuevo de que existe este tipo de instituciones.

La mayor parte de la gente cree que podemos resolver todos sus problemas sin que ellos se comprometan, sin que tengan que manifestarse, sin que precisen arriesgar nada. Ni siquiera salir a la calle para ayudarnos a defender sus derechos.

Creen también que funcionamos sobrados de recursos, con jugosas subvenciones que nos permiten el mantenimiento de lujosas sedes, buenos medios de transporte, confección de folletos, pancartas, páginas web, etc.

Se suelen ignorar por completo las penurias con que casi todos los grupos subsisten y quitados, como decíamos, los que se acogen a la sombra de algún partido, o los que se crearon, con intereses inconfesables, por algún avispado político para sembrar la discordia y la desunión en el ecologismo, la mayor parte de las personas que nos dedicamos a esto ponemos dinero de nuestro bolsillo, dedicamos un tiempo que otros aprovechan para sus aficiones y para ir al cine, nos exponemos a la ira de quienes por  intereses políticos o económicos ven perturbados sus planes por nuestra intervención.

En definitiva, la lucha por defender la naturaleza que se está destruyendo, la fauna que se está diezmando y una existencia digna para los demás seres que con tanto egoísmo utilizamos cual de objetos se tratara, tiene sus dificultades, sus costes, sus represalias de quienes pretenden acabar con todo para lucrarse ellos.

Es una lucha ingrata que no se paga con dinero, una lucha que solo pueden llevar a cabo gentes que no consiguen vivir indiferentes a estos problemas, al margen de intereses económicos que son los que, algunas veces, mueven a las personas que acuden a pedir ayuda a estas asociaciones.

Sobre ese asunto no olvidemos que nosotros mismos hemos sido denunciados por el ayuntamiento de O Carballiño, por allanamiento cuando entramos en la perrera para documentar la matanza de perros, nos incautaron una pancarta y nos abrieron un expediente administrativo, por “desordenes graves”, solo porque nos manifestamos frente a este ayuntamiento, hemos sido demandados por los antiguos gestores de la perrera por haber denunciado su abandono y el gasto sospechoso de los fondos dedicados a los perros, eso, entre otros asuntos judiciales que aún están en marcha y que cuestan una significativa suma de dinero.

Estamos casi seguros de que muchas de estas denuncias se hicieron con el apoyo de algún político y utilizando fondos que pagamos entre todos, se llevaron  a cabo para amedrentarnos y que, posiblemente, a más de uno le gustaría que desapareciéramos para seguir actuando impunemente.

La mayoría de las personas, muchas de las cuales bastante tienen con sus problemas personales, ignoran estos “problemillas” y consideran que tenemos la obligación de atender a sus dificultades y que lo debemos hacer, además, de forma desinteresada y gratuita porque el dinero nos cae del cielo y nos sobra tiempo libre para dedicarnos a estos asuntos que, creen ellos, nos reportan fama y dinero.

Pues no es así señores, la mayoría de quienes se dedican al ecologismo, como decíamos, lo hacen porque lo que se está atentando contra el medio natural, donde hemos vivido durante milenios, es terrorífico, no hace falta remontarse a más de 30 ó 40 años para comprobar hasta que punto el mundo se ha ido deteriorando, el medio ambiente contaminando y la fauna desapareciendo.

Y ocurre que algunos no podemos permanecer impasibles ante tanto desatino. Pero ni nos sobra el tiempo, ni consideramos obligación financiar la solución de los problemas de otros con nuestro dinero.

Sabemos que la gente tiene problemas a los que atender y por eso comprendemos que muchos apenas se muevan para defender algo muy valioso que otros están destruyendo. Pero no estaría de mas algo de compromiso y apoyo cuando hay que luchar, y algo más de apoyo económico cuando solo hay que aportar 2 ó 3 euros mensuales para colaborar con, o pertenecer, a alguna de estas asociaciones. El precio de un café.

Nos consta que existe mucho miedo a los poderes políticos y económicos que se han aliado para transformar la vida en objetos de consumo y, al final, en basura. Por eso no pedimos a nadie que de la cara en la mayor parte de las batallas, nosotros lo hacemos por esa mayoría. Pero deberíamos ser concientes todos de a que tipo de futuro nos están abocando.

Hoy, a la gente, cuando le hablan de calidad de vida, piensa en ordenadores, coches y play stations, olvidando que lo verdaderamente importante es lo que sacamos de la tierra para comer y que no podemos tapar esa tierra con hormigón. De hecho hace solo tres o cuatro décadas que esa idea existe ya que la mayoría de nosotros recordamos, y sabemos por experiencia, lo que era trabajar de sol a sol solo para comer, cuando nadie sabía lo que era ni un televisor, ni una nevera, ni soñaba con tener un coche. No se trabajaba para comprar ese tipo de artilugios, se trabajaba pra comer durante el año, única y exclusivamente.

Mucho nos ha cambiado el sistema y en muy poco tiempo, cuando ahora creemos que, calidad de vida, es esa serie de baratijas que nos venden en perjuicio de los recursos de la Tierra y de la calidad del aire que respiramos, para acabar finalmente en la basura al cabo de pocos meses de uso.

Mucho nos han cambiado cuando gentes que hace pocas décadas utilizábamos como baño la cuadra de los animales, como calefacción su calor a través del suelo, como combustible la escasa leña del monte, que teníamos que transportar el agua desde la fuente, o que nos alumbrábamos con un tizón por la noche para circular por caminos llenos de barro, ahora exigimos que nos pongan tuberías que lleven nuestros excrementos al regato del pueblo, que no sepamos vivir sin una calefacción de gasóleo, con una cocina de gas o una vitrocerámica, que no sepamos beber agua del grifo y la compremos embotellada y que exijamos un poste de alumbrado público delante de cada casa cuando hoy se circula por caminos asfaltados.

En resumen, nuestra lucha se lleva a cabo para que no nos laven el cerebro, para que seamos conscientes de lo que es realmente importante, para que nuestros hijos puedan ver, al menos, algo de la riqueza natural con la que nosotros nos hemos criado, que sepan que la leche sale de las vacas y no de los super. Porque cada día nos están convenciendo más de que lo importante es lo artificial, lo efímero, lo superfluo, los “parques industriales” y la generación de “riqueza”. Para que no nos deslumbren con espejitos, como hicieron con los indios de América.

Poco a poco se van consiguiendo pequeños pasos, cada día más gente es consciente del problema, pero cada día la lucha es más dura y más desigual, cada día la gente tiene más problemas y los agobios hacen que pensemos menos en éstos problemas a pesar de su enorme trascendencia.

No pedimos a nadie que deje sus asuntos para ocuparse de estos otros, tampoco que se pongan en evidencia ante los caciques del pueblo, ni que se arriesguen a no hallar trabajo porque estuvieron defendiendo lo que creían justo. Sabemos que es mucho pedir en estos difíciles tiempos que nos ha tocado vivir. Pero es necesario que de una manera o de otra, desde la participación activa o desde el anonimato, desde la ayuda económica o desde el apoyo moral, la sociedad eche una mano porque el rival es poderoso y los intereses enormes.

No vamos hablar de otras asociaciones, pero en la nuestra hemos creado un grupo de personas unidas por el valor que damos a la naturaleza, a la biodiversidad, a la nobleza de los otros animales y al valor incalculable de los servicios que nos presta el medio ambiente sin cobrar nada por ello.

Por mantener la vida exuberante en un planeta que nos la proporciona gratuitamente, aunque algunos no sepan valorar esa riqueza y esos servicios, un sistema que sigue procurando ansiosamente en otros mundos una vida que aquí nos sobra, pero no saben valorar ni darle la importancia que tendría si mañana se encontrara esa vida en otros planetas.

Mantenemos discreción sobre la identidad de los miembros que conforman nuestra asociación pero defendemos a quienes no pueden, o no se atreven, a manifestarse abiertamente contra los poderes establecidos, somos autosuficientes económicamente y no pedimos favores a una clase política que consideramos poco fiable, no debemos nada a nadie y nos consideramos totalmente independientes en nuestras posturas. Nos hemos forjado una sólida credibilidad ante los medios y ante los ciudadanos, por medio de la seriedad cuando nos pronunciamos y la información contrastada de la que nos valemos.

Creemos humildemente que hemos conseguido, al menos, que las vergüenzas de ciertos personajes públicos, si bien han quedado impunes ante la justicia, lo que suele ser común, al menos que sus fechorías salgan a la luz y no se comenten apenas en las tabernas.

Hemos intentado fundar y mantener un tipo de organización independiente, veraz, combativa y útil al medio ambiente, a la fauna y a la conservación del territorio, formado por personas sin complejos, que se pueden permitir ese lujo y abierta a todos aquellos que creen en estos valores por encima del lucro fácil, la destrucción del mundo y la corrupción.

Personas que creemos en la convivencia en harmonía con las demás especies, que abominamos la crueldad para con ellas, que defendemos el trato digno para todos los seres vivos y, si es necesario quitarles su vida para nuestro sustento, debemos agradecerles el favor, no maltratarlos, procurarles el mínimo sufrimiento y darles una vida digna mientras vivan, donde puedan disfrutar de sus necesidades y del derecho a pisar la tierra, alimentarse naturalmente y vivir sin reclusiones ni masificaciones.
Que nuestra especie deje de ser el cáncer del mundo y el lucro el único fin.