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EMPATÍA

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01-02-2008 - Todos sabemos que Es la capacidad de ponernos en el mismo lugar de los demás y desde ese punto de vista, entender sus posicionamientos. Vamos tratar de hacerlo con todos los actores.


Lo primero que llama la atención es la ausencia total que, de este sentimiento, los autores de la matanza parecen tener.


Extraña que, individuos que se dedican a cazar a los demás, se tomen tan mal el hecho de que, por una vez., sean ellos los “cazados”. Y eso que no recibieron tiros ni hubo muertos. Nos preguntamos la razón de que no se planteen lo que deben sentir los animales que ellos aterrorizan, acosan y, finalmente, matan.


Individuos que tienen la sangre fría de transformar un ser vivo, que solo quiere vivir y criar a sus hijos, que lo hace alimentándose de lo que a nosotros nos sobra y tiramos a la basura, en el sujeto pasivo de ser entregado a “una empresa especializada en eliminar ese tipo de residuos”. Un ser vivo que no se metía con nadie, que nos alegraba la vista y que era protector sensible y tierno de sus retoños. Un ser vivo que sentía el calor de los suyos y al que quitaron la vida después de hacerle pasar el terror de ser perseguido por individuos equipados con todo tipo de tecnologías para darle acoso y muerte.


Todos los que tenemos contacto con animales, compartimos nuestro tiempo con ellos, les hemos mirado a los ojos o hemos conseguido un mínimo de comunicación para adivinar su ternura, nobleza y fidelidad, sabemos la riqueza que encierran, así como la desgracia que tienen por no pertenecer a nuestra especie.


Estos individuos que tras la cruel “hazaña” se hacen fotos, sonrientes y ufanos, sintiéndose importantes por haber eliminado a un ser que, posiblemente, haya sido mucho más sensible que ellos, más noble en la pelea y más tierno con los suyos. Se hacen la foto y lo tiran a la basura.
Cuanto a su disfraz de “deportistas” es evidente que falla estrepitosamente cuando se toman sus derrotas de manera tan trágica y poco deportiva. Porque se les ve “muy hombres”, si no todos pensaríamos en histéricas señoritas decimonónicas presas de la histeria.


Sobre esa exuberante exhibición de machismo, no estaría de más recordar los postulados Freudianos, que alguien ha apuntado, sobre la reacción inconsciente a una homosexualidad oculta no explícita pero consciente. Entre los gays (un saludo para ellos) a veces ocurre el caso de la exageración de la feminidad exacerbada por la falta de los atributos propios de las hembras.
Sobre los que, con buenos modos externos, han sido portavoces del colectivo, parece que existe una evidente negación de la realidad y una huida hacia delante que les está llevando a prescindir del superficial barniz de “dialogantes” con el que, al principio, trataron de hacer proselitismo para su causa.


El año pasado acudieron a todos los foros públicos y medios de comunicación, para explicar sus puntos de vista. Recibieron un alud de críticas y el desprecio de toda la sociedad. Toda la gente que participó en los debates, público incluido, mostró su repulsa hacia su actividad y el fracaso de sus argumentos.


Este año se negaron en redondo a cualquier debate público, a pesar de pregonar ante los medios y con la boca pequeña, su disposición para hacerlo. Ocultaron, en connivencia con la administración y poniendo en riesgo a la ciudadanía, fechas, lugares y cualquier dato sobre las matanzas, en un intento vano de evitar que la opinión pública les reprochara su acción.


Ahora amenazan con criminalizar a los que les ganaron la batalla de la opinión pública y de los argumentos. Sacan incidentes, a veces provocados por ellos mismos, como la destrucción de señales de los tecores, para intentar desacreditar e inculpar a quienes saben ajenos a los hechos. Se dicen acosados cuando es evidente y del conocimiento público, a través de los medios, que la violencia, las amenazas las infracciones a la normativa de caza, los insultos a los demás, hombres y sobre todo mujeres, partieron de ellos.


No tratan de hacer autocrítica y recapitular sobre los abusos de muchos de ellos, que no todos como hemos comprobado y en honor a la verdad debemos decir, y eliminar a los impresentables que hay en sus huestes que solo confirman su mala imagen y la convicción de que, en el monte o fuera de él y con los demás, abusan de todos y de todo.


Cuanto a la administración esperábamos que fueran conscientes de su, supuesto, papel de representantes de la mayoría de los ciudadanos. De vigilantes por el cumplimiento de las normas. De imparciales en la observación de los hechos. De estudiosos y conocedores de datos que afectan a sus obligaciones de proteger la riqueza común que es el medio ambiente. De agentes imparciales en la aplicación de la ley a los infractores. De defensores del derecho de todos a disfrutar del monte sin peligro. Pues no.


Parece que, en contra del deseo de la mayoría inmensa de los ciudadanos, van a seguir permitiendo y justificando, como vienen haciendo, este atroz espectáculo que “mueve millones”. Permitiendo la eliminación de unos seres de los que ignoran cualquier dato. Ignorando la reiterada y pública violación, por parte de los cazadores, de las pocas normas de seguridad que afectan a la caza. Ciegos a las amenazas de unos, a los que llaman “ejemplares” y “pacientes” en su comportamiento. Elogiando la “buena organización” de una carnicería. Obviando la pesquisa y el conocimiento de datos que son de fácil apuración, sobre fauna, censos, etc. tal vez porque la admisión oficial de la dura realidad les obligaría a tomar decisiones para las que carecen de la talla suficiente.


Siempre hemos procurado confiar en la imparcialidad de los representantes de la administración y mantener un trato cortés. Las declaraciones injustas, los elogios fuera de lugar y las acusaciones gratuitas de intransigencia a los que sufrimos insultos y vejaciones, nos acabarán llevando, contra nuestros deseos, a vernos obligados a colocar a unos y otros en el mismo saco. Eso sí, al contrario que ellos, sabremos tener en cuenta las excepciones correspondientes, que las hay.


También sabemos que llegará el día en que se plantee el necesario debate sobre la falta de fauna en nuestros montes, las medidas para regenerarla, el cambio de la normativa sobre caza e, incluso, el debate sobre su eliminación y el cambio por una gestión eficaz y sostenible por parte de una administración comprometida y representativa del clamor popular. Una gestión que permita la convivencia de todos los seres vivos con el hombre, en armonía y en el convencimiento de que, sin esos seres, estaremos más solos, tristes y náufragos en este planeta.