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El tiro al pichón, una diversión en peligro - Julio Ortega.

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26-07-2009 - Toca a rebato Don Santiago Ballesteros, Secretario General de la Real Federación Española de Caza, porque teme que la posible prohibición de una modalidad cinegética en la Comunidad de Castilla La Mancha, signifique no sólo un recorte para la tan edificante diversión de disparar y matar a un ser vivo, sino que sea el primer peldaño de una escalera a cuyo término se encuentre con una terrible certeza: el fin de la caza deportiva, lo que dicho sea de paso daría al traste con su escopeta, con su Secretaría y con la Federación misma a la que se pertenece por matar, o se mata para pertenecer, ya no estoy seguro; lo que sí sé es que para que haya federados tiene que haber muertos.

En este caso la práctica cinegética cuya continuidad tanto inquieta al Sr. Ballesteros es el “tiro al pichón”. Y no le falta razón al expresar su nerviosismo porque ya sabemos que según los que la defienden, la caza es tan necesaria como beneficiosa. Repasemos algunas de las consideraciones que esgrimen para convencernos de que tal actividad, a pesar del sufrimiento que genera, es imprescindible: control de población de animales, equilibrio ecológico, evitar los daños causados por estas criaturas... Vaya, ahora que caigo, resulta que todo esto no nos vale para los infortunados pichones, ya que su libertad no representa peligro alguno y saben por qué, pues simplemente porque no estaban libres. Los compran, vienen “embalados” y en la zona elegida para el exterminio los sueltan y empiezan a dispararles.

Podían haber escogido platos pero no, prefieren comprobar su puntería con seres vivos. Claro que algunos no la tienen muy buena y por eso, después de la escabechina, lo habitual es encontrarse a cientos de estas criaturas arrastrándose por el suelo con un ala rota o el pico arrancado por la munición, desagrándose y agonizando durante horas. Sí, eso lo hacen los conservacionistas y amantes de los animales que se manifestaron el 1 de Marzo de 2008 hablándonos de ecología y de naturaleza, haciendo suyos esos valores mientras en su mano sostienen un arma y detrás, van dejando un rastro de dolor y de muerte.

Añade el Sr. Ballesteros que esto del “bienestar animal”, ya había anunciado él que se iba a convertir en “el perejil de todas las salsas”. Mira tú que sagaz el hombre, lo que pasa es que da toda la impresión de que dicho condimento se les ha atragantado. Y no entiendo cómo, porque estamos hablando de algo que los cazadores predican a los cuatro vientos que es su filosofía de vida: el respeto y el amor a los animales. Yo siempre había visto un poco extraño que tal cariño se les demostrase descerrajándoles un tiro, pero bueno, es que yo soy muy rarito y además no ocupo una Secretaría General, que tal vez lo que no explica la razón  lo justifica el cargo.

Nos dice que esta actividad genera riqueza y actividad económica. Yo creo que había oído eso antes, no sé si era a un ganadero de toros de lidia o a un torero. En fin, dejemos la espada y volvamos a la escopeta. Pues eso, que ya estamos con lo de la estabilidad laboral a cuestas, y es que no quiero ni pensar cuantos cientos de miles de familias se verían abocadas a la ruina si se termina el tiro al pichón.

Bueno, obreros no sé pero empresarios hoteleros unos cuantos, además de otros tantos grandes de la economía que patrocinan este tipo de campeonatos. Viene muy bien juntar a un millar de escopeteros, que siempre consumen algo, aunque después tengamos que limpiar la sangre y barrer los cuerpos de los pichones abatidos, no todos, que como decía muchos de ellos se esconden para morir lentamente en algún rincón. Si ponemos fin a esta actividad tan “esencial” la bancarrota está asegurada, no tenemos más que comprobar el ejemplo de Cataluña, Comunidad en la que está prohibida y en consecuencia, su tejido empresarial ha quedado destruido. Sin pichones que matar, la cola del INEM crece irremediablemente.

Menos mal que el Sr. Ballesteros, siempre ojo avizor sobre todo cuando está apuntando con él a algún animal, ya ha hecho el llamamiento a federados y por federar, advirtiéndoles del peligro que corren si no toman medidas de forma inmediata contra esta iniciativa, porque después de los pichones pueden venir los zorros, los corzos y quién sabe qué más, dejándoles sin piezas que abatir y de paso, sin trofeos que naturalizar, sin cepos y lazos que poner, sin perros que abandonar o maltratar después de la temporada cinegética y claro, también sin estadística de accidentes de caza que rellenar.

Lo dicho, que nada más deportivo, placentero, conservacionista, ecológico y respetuoso que comprar pichones por unidades, meterlos en cajones o jaulas, trasladarlos hasta el campo de tiro y allí dejarlos en libertad... para matarlos, mutilarlos e incluso aplastarles la cabeza cuando caen heridos cerca del cazador, que sale más barato un zapatazo que la munición. Esto no es una invención, ocurre realmente.

Si Castilla La Mancha se decide por el bienestar animal, no será porque el Sr. Ballesteros no lo ha avisado. Que empezamos por creer que el sufrimiento de un pichón es algo digno de tener en cuenta y acabamos pensando que los animales pueden tener hasta derechos. ¿Y qué mayor derecho que el de que te maten aquellos que tanto te aman?. “Por el campo, la caza y la conservación”, ese era su lema, pero habría que añadirle algo en este momento tan crítico: por el placer que les produce matar, aunque lo disimulen... sólo a veces, otras no son capaces, y es que explícale tú a un pichón o a un venado: “te reviento las entrañas pero lo hago con amor”. No siempre es fácil convencer al pobre animal, ni tampoco a los ciudadanos.

Julio Ortega Fraile

www.findelmaltratoanimal.blogspot.com