Skip to main content

Hidalgos hambrientos

Posted in

10-09-2009 - Por las noticias que circulan en abundancia últimamente por los medios de comunicación, estamos descubriendo que somos un País arruinado. Nada menos que 100.000 millones de Euros es la diferencia, solo este año, entre lo que ingresa el Estado y lo que gasta. Cantidad similar es la prevista para el próximo ejercicio.


Brusco despertar de nuestra sociedad a la dura realidad, cuando aún asistimos actualmente a la dilapidación de cientos de millones de Euros en el famoso Plan “E” mediante el cual, los ayuntamientos patrios, realizaban obras inútiles para justificar la desaparición de las cantidades asignadas, sin mirar para nada la utilidad o necesidad de dichas obras.


Un País que presume de ser el primero del mundo en kilómetros de Alta Velocidad o de los primeros en autopistas por habitante. Muy por encima de Alemania o de cualquier otro País del entorno.


Nos hemos pasado décadas malgastando dinero en obras de auténtico lujo, obras que no producen retorno alguno en riqueza o bienestar para la sociedad, una auténtica orgía de destrucción del territorio para fomentar un transporte contaminante y derrochador de recursos, pero que no ha significado aumento alguno de la riqueza per cápita.

Un lujo de auténticos acaudalados que se puede permitir destinar cientos de miles de millones de euros a la construcción de infraestructuras (la palabra mágica de los últimos años) en cantidad desorbitada que, una vez terminadas, solo significan un lujo infrautilizado a disposición de los posibles usuarios y que no produce riqueza, ni puestos de trabajo, ni plus valías ni rentabilidad alguna. Un inmovilizado digno de marajás árabes que nadan en petróleo.


Todo ello a pesar de que informaciones menos populares y mejor documentadas ya nos estaban avisando de que somos el segundo país más endeudado del mundo y el primero de la comunidad Europea.


Estos dineros podrían haber sido utilizados para crear empresas productivas, transporte colectivo que empleara a multitud de trabajadores y nos facilitara la movilidad segura, ecológica y económica. Mejoras en la calidad  y cantidad de centros asistenciales que también tienen como calidad añadida la de emplear a un buen número de ciudadanos, además de la evidente ventaja que representan para mejorar nuestra calidad de vida. Se podrían haber construido residencias para la tercera edad que también ofrecen las mismas ventajas, guarderías, etc.


En ese tipo de cosas en las que los países de nuestro entorno invirtieron su riqueza, razón por la cual no tienen tantos kilómetros de autopistas, autovías o AVE, ni “ciudades da cultura” como nosotros, pero que gozan de una mejor calidad de vida, mejores transportes, menos paro, más industria moderna y más servicios sociales.


Pues no, lo que más interesaba al sistema que nos mangonea los cuartos y a los representantes del mismo que tenemos como gobernantes, era la transferencia de los recursos, producto de nuestro trabajo,  a las grandes empresas de la manera más rápida y voluminosa posible.

Y lo que es peor, seguimos en la misma tónica, escuchando a nuestros próceres anunciando que la cosa va a continuar y que siguen proyectando otras líneas de “alta velocidad” y kilómetros de autovías por todo cuanto es rincón de nuestra geografía.

Una auténtica orgía de destrucción y asfalto para promocionar un trasporte ineficaz, contaminante, en vías de extinción, que nada ayuda en reducir el calentamiento global ni el cumplimiento de nuestro País de los protocolos medio ambientales establecidos y que arruina los pocos rincones naturales y bien preservados que aún no han sido mellados por esta irracionalidad.


Ahora resulta que no hay dinero y, para cumplir con las “necesidades y  las prestaciones sociales”, dicen, nos anuncian que se incrementarán los impuestos que pagamos y con los que han estado destruyendo y asfaltando el País.


Nos preguntamos si el dinero que piensan recaudar es realmente para poder atender a esas “necesidades sociales”. Nos preguntamos si ese dinero que nos piensan quitar, a más, en realidad no será para continuar entregándoselo a las grandes empresas constructoras que están destrozando el País.


Porque nos parece un poco raro que nos digan que se necesita dinero para las prestaciones sociales y no se precise para esas obras. Aún non hemos recibido la noticia de que se haya establecido una moratoria en la ejecución, contratación y realización del mareante volumen de “infraestructuras” que se están llevando a cabo, que no nos corren prisa alguna, que no son indispensables para la buena marcha del País, que no son prioritarias para nuestra sobrevivencia y que apenas crean puestos de trabajo, ya que se hacen con algunas máquinas y camiones extranjeros.


Nos preguntamos las razones por las cuales el gobierno no “habla” con los empresarios que están ganando auténticas fortunas con ese tipo de obras y les piden que dejen en suspenso temporalmente las mismas, hasta que nos repongamos del aprieto. Que se utilicen esos recursos para solucionar el problema del paro y del déficit público, que se empleen en crear empresas productivas, en prestaciones sociales y en ayudas al paro.


Esos son los problemas urgentes que tenemos. Terminar pronto las autopistas en construcción o las líneas del AVE que nos pondrán a la cabeza del mundo en esta “especialidad”, no nos corre prisa alguna, sobre todo teniendo en cuenta que la economía está en la UVI y su posible utilización en receso.


Tal vez esa sería la manera más rápida y práctica de resolver el problema del déficit. Como hacemos los ciudadanos de “a pie”, ahorrando. Sobre todo en lujos y sobre todo cuando no tenemos ni para comer. No olvidemos que estamos pagando 6.000.000 de euros por cada kilómetro de autovía y 25.000.000 de euros por cada kilómetro de AVE.


Si después de detener esa sangría de dinero, resulta que aún necesitamos más fondos para atender a las “prestaciones sociales” o para mejorarlas, entonces será cuando nos ofrezcamos incluso voluntarios para pagar más impuestos.


Que nos sigan exprimiendo el bolsillo que tenemos casi vacío, a razón de 800 euros por habitante (lo que significa más del doble por cada trabajador), para poder seguir financiando lujos, NO.
NO con nuestros impuestos.


Nota: Quede constancia de que somos favorables al aumento de la carga fiscal, pero siempre para mejorar las prestaciones sociales y los servicios públicos. No para enriquecer a las grandes empresas ni financiar los agujeros de la banca.