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Se sigue desprotegiendo al monte y a la fauna.

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29-11-2011 – (Gallego) La noticia aparece dentro del anuncio de aprobación de la nueva “Ley de Montes” y dice que ahora la Consellería respectiva rebaja de TRES a solo DOS años la prohibición de cazar en zonas quemadas.

Parece incomprensible que, al objeto de evitar la especulación con los terrenos quemados y desincentivar los fuegos intencionales, se dicten plazos de hasta treinta años –como para el caso del cambio de uso de un monte, de su posible urbanización, o con la venta de madera – por otro lado se acorten los plazos para poder cazar, cuando es sabido que esta actividad es más que sospechosa de ser la causa de muchos incendios intencionales al objeto de mejor poder matar a sus víctimas mediante el radical sistema de dejarlos sin protección eliminado, por medio de los fuegos, la vegetación que los cobija.

Ignoramos si se trata de chulería, mala leche o, lo que suele abundar con más frecuencia, la arraigada incompetencia de los responsables por el medio ambiente en su obligación de protegerlo. Sin descartar que se trate de uno más de los caprichos que el colectivo de la escopeta, al objeto de promocionar su sangriento y depredador negocio, impone a la Consellería del ramo.

Cuando los desafíos contra el medio natural son cada día más grandes, cuando los riesgos para el medio ambiente, la fauna y el territorio son cada vez más amenazantes, cuando, a cada día que pasa, es más necesario enfrentar grandes intereses económicos que poco a poco van reduciendo el espacio natural y sustituyéndolo por cemento y asfalto, cuando día a día se reduce más el territorio necesario para que los animales silvestres puedan seguir existiendo, cuando se torna imperante tomar medidas cada día más decididas para salvaguardar lo poco que queda de naturaleza,  cuando  todo el mundo de la ciencia, la cultura y el ecologismo reclama justo lo contrario, vemos como la protección del medio natural, que debería aumentar y ser cada día más amplia, es reducida, facilitando, las nuevas normas, su desprotección y dando facilidades para que su destrucción sea más rápida.

Una permisividad incomprensible y absurda que acabará perjudicando también a quienes pretenden aprovecharse de ella porque, al final –como ya ha acontecido en otros asuntos como la pesca industrial y el consumo desmedido de recursos – provocará la desaparición de dichas actividades debido a la sobre explotación del recurso que la sostiene.

Es inexplicable esta absurda reducción de las ya de por si escasas e insuficientes normas de protección establecidas hace años, cuando el deterioro del medio ambiente aún no era tan acusado, y es absurdo que dicha protección se reduzca cuando es obvia la necesidad de aumentarla. Da la impresión de que se está perdiendo el sentido común con el fin de servir a cierto de intereses y de colectivos que piden cada día más permisividad sin saber,  ni tener conciencia, del mal que están provocando al medio, a la fauna a si mismos.

Creemos que la administración debería hacer oídos sordos a la tentación de tomar este tipo de medidas demagógicas y electoralistas que solo acaban complaciendo a un colectivo donde impera la ignorancia mas arraigada y donde sus exigencias ya han deteriorado, de forma irreversible, los censos y la diversidad de la fauna en nuestros montes.

No son pocos los colectivos y los estudios que aconsejan aumentar las medidas que visan impedir la degradación de los montes quemados, la desaparición de la fauna y la sobre explotación del medio natural. Todos ellos hablan de que el tiempo necesario para que un monte quemado se recupere por completo ronda entre los 10 y los 20 años.

Frente a estos sensatos consejos, vemos como se acaban imponiendo las presiones ya tradicionales del colectivo de la caza, que no solo es  sospechoso de provocar incendios para facilitar la actividad sino que, en su falta de información, atribuyen la escasez de capturas a la dificultad para avistar a las piezas, ignorando por completo el actual exceso de aprovechamiento cinegético incompatible con la recuperación de las especies.

Intentan aumentar las capturas de animales, que escasean por causa del exceso de caza, eliminando las pocas medidas de protección que restan para la poca fauna que aún queda en nuestros montes, incentivando al mismo tiempo el aumento de incendios que sin duda se producirá cuando los malos cazadores se salgan con la suya y descubran que, apenas dos años después de haber provocado un incendio, ya podrán cazar  con más facilidad a los pocos animales que sobrevivan al fuego y que no podrán esconderse en la escasa vegetación que apenas habrá tenido tiempo de brotar en los suelos recién quemados.

Es evidente que este tipo de concesiones no solo provocará más incendios sino que también ocasionará el aumento de la erosión de los montes, faltos de vegetación y degradados por el pisoteo masivo de escopeteros tras un incendio reciente y que eliminarán a los pocos animales sobrevivientes del incendio sin que hayan tenido tiempo de recuperar su población.

Todo parece indicar que esta irracional e irresponsable medida que deja más desamparado el monte, que multiplica los daños, que incentiva los incendios, que facilita la erosión y que arrasará con la fauna, es un muestra más de la dependencia y servilismo de la administración correspondiente para con el colectivo de las escopetas.

Un colectivo que hace ya mucho tiempo ha dejado de formar parte de lo que algún día fueron los cazadores tradicionales, que aún mantenían algunos principios éticos y de buenas prácticas para con sus víctimas y con el medio, pero que al día de hoy se ha transformado en un colectivo de depredadores, cuyo único fin es llevarse algo colgado del cinto sin reparar que sea un conejo de granja, una perdiz mansa, o un urogallo que se les acercó porque llevaba varios días sin comer después de que lo soltaron en un monte que le es ajeno, desconocido y hostil.

Se están desmantelando todas las protecciones de nuestra naturaleza, se está pensando solo en aumentar la “creación de riqueza” del tipo materialista sin reparar que, por el camino, estamos destruyendo la base de nuestra existencia, se está cubriendo la tierra de asfalto, cemento, fábricas de objetos destinados a acabar en la basura tras  una vida útil efímera y estamos olvidando que lo único útil que sale del territorio no es ninguno de esos nuevos “recursos” industrias e infraestructuras con que los arrasamos. Lo único verdaderamente útil es la tierra pura y limpia donde plantar alimentos con los que poder subsistir, ya que toda esa pretendida nueva “riqueza” y “crecimiento” es incomestible.

Que no lo olviden nunca (o que lo recuerden ya que lo tienen olvidado) esos nuevos profetas “desarrollistas”, burócratas de la política e ignorantes de nuestros orígenes y del lugar de donde procede nuestro alimento y nuestra vida.

Enlaces:

La nueva ley de montes rebaja a dos años la prohibición para cazar en zonas quemadas
Por 30 años no se podrá autorizar el cambio de usos en un monte arrasado por las llamas:
http://www.laopinioncoruna.es/galicia/2011/11/15/nueva-ley-montes-rebaja-anos-prohibicion-cazar-zonas-quemadas/551242.html


La Sociedad Gallega de Historia Natural solicita la suspensión de la temporada de caza en las zonas quemadas y en los tecor limítrofes:
http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2011/10/28/solicitan-suspension-temporada-caza-zonas-quemadas/592397.html

La Fundación Germán Estévez pide que se suspenda la caza en las zonas quemadas entre dos y cuatro años:
http://www.lukor.com/not-esp/nacional/0608/17170710.htm

Las zonas quemadas en Galicia tardarán 50 años en recuperarse:
http://www.larioja.com/prensa/20060818/espana/zonas-quemadas-galicia-tardaran_20060818.html

Un terreno forestal tarda en recuperarse entre diez y veinte años, pero si se erosiona es irrecuperable:
http://terranoticias.terra.es/articulo/1031649.htm